12 segundos para romper de la estadística

Uno de los momentos incómodos a los que me enfrento cada año es precisamente el 31 de diciembre cuando a las 11:59 de la noche, se reparten según la tradición 12 uvas que debemos comer al ritmo de las campanadas para tener “buena suerte” y cumplir nuestros deseos para el próximo año. Más allá de que soy sumamente escéptico con ésta y otras tradiciones como salir corriendo con maletas, tener borregos en la puerta, usar ropa interior de otro color, etc., si algo tiene de  malévolo y perverso este ritual es que además involucra comer forzosamente frutas, uno de mis más añejos archirrivales. Pasando a un tono menos dramático, reconozco que esta época me gusta pues nos da la excusa perfecta para poder expresar de forma socialmente aceptable, nuestros más íntimos deseos y propósitos, así como establecer compromisos y promesas que generalmente implican cambios y mejoras en nuestra vida.

Haciendo una búsqueda en Google de distintos sitios que proclaman tener la “lista de los más comunes y populares deseos de año nuevo”, encontré que del Top de los deseos de año nuevo tanto en México como en Estados Unidos la respuesta más popular es 1) Hacer Ejercicio – Dieta – Mejorar mi figura, 2) Abandonar un Vicio, en su mayoría cigarro y alcohol, 3) Probar, aprender o conocer algo nuevo, 4) Pasar más tiempo con mi familia, y 5) Ahorrar. Agrupando todos los propósitos en 6 categorías, encontré que su distribución se da también de la siguiente forma:

  • 28% — SALUD (ejercicio, dieta, dejar vicios, ir al médico, etc.)
  • 21% — ESTILO DE VIDA / PROYECTOS PERSONALES (aprender algo nuevo, leer, viajar, organizarme, emprender negocios)
  • 21% — RELACIÓN CON LOS DEMÁS (pasar tiempo con la familia, dejar malas influencias y relaciones del pasado, empezar una familia o encontrar pareja)
  • 12% — ECONOMÍA Y BIENES MATERIALES (ahorrar, pagar mis deudas, adquirir un carro-casa- bien)
  • 11% — TRABAJO (menos estrés, cambiar de trabajo, obtener una promoción, mejorar mi actitud)
  • 08% — RELACIÓN CON EL MUNDO (hacer labor social o voluntariado, plantar un árbol, ayudar a los demás)

Esto quiere decir que 7 de cada 10 personas que lean esta columna seguramente tendrán dentro de sus propósitos alguno de los primeros tres bloques; ¿es tu caso?

En lo personal considero sumamente interesante detenernos a observar esta foto de qué cosas son las que normalmente deseamos o soñamos pues creo que revela partes muy íntimas de nosotros que comúnmente no hacemos explícitas; si bien es casual platicar en un nivel superficial que queremos bajar de peso, viajar a algún lugar, conocer a alguien “especial” o bien mejorar nuestra economía, pocas veces nos damos la oportunidad en este ajetreado mundo para realmente profundizar en qué realidad vivimos y qué necesidades tenemos como personas que nos impulsan a tener estos deseos: ¿Necesito cariño y afecto? ¿Quiero vivir más años? ¿Para qué? ¿Me siento solo? ¿Estoy aburrido? ¿Quiero ser más culto? ¿Tengo baja mi autoestima? ¿Necesito cambiar mi estilo de vida? ¿Estoy rodeado de la gente que quiero? ¿Me siento asfixiado económica o profesionalmente? Nuestros deseos aunque normalmente puedan parecer simples caprichos o gustos personales, muy comúnmente están relacionados a circunstancias y carencias que consciente o inconscientemente queremos atacar y resolver, y por lo tanto esta etapa y sus tradiciones resultan una gran oportunidad para inspirarnos y retomar un camino de búsqueda y satisfacción personal.

Y sin embargo no todo es miel sobre hojuelas en este camino pues la contraparte de mi búsqueda en internet revela datos que no deberían ser sorpresa para nadie y es que la estadística también dice que sólo aproximadamente el 8% de las personas logran verdaderamente sus propósitos. Según www.statisticbrain.com, tan sólo bastan 4 semanas para que el 36% de las personas desistan o fallen en sus propósitos, y 24% de nosotros nunca en nuestra vida los cumpliremos; no obstante no todo es negativo pues también afirman que las personas que hacen explícitos sus propósitos tienen una probabilidad 10 veces mayor de cumplirlos en comparación con aquellos que no los hacen explícitos.

¿A dónde voy con todo esto? Más allá de hablar como en otras ocasiones de la fuerza de voluntad como una de nuestras herramientas más poderosas para conseguir nuestros propósitos, creo que esta época del año nos debería de servir de ejemplo para en primera instancia, reconocer que nuestras necesidades o motivadores para emprender nuestros propósitos no son nuevas, es decir, no “surgieron” el 31 de diciembre y por lo tanto, no requieren de un reloj analógico o de un calendario para ser logradas. Aprovechemos esta oportunidad y esta pausa para reflexionar de los cambios que buscamos, pero no esperemos medir su avance y desarrollo tan sólo con el conteo de las 12 campanadas. Finalmente una segunda reflexión a raíz de este ejercicio es que del total de aproximadamente 120 respuestas que agrupé y mostré anteriormente, tan sólo 1 persona puso “ayudar a alguien más a cumplir sus sueños”. En lo personal considero que una de las mejores formas de crecer y desarrollarme, asimismo entender y satisfacer mis necesidades es a través de la sensibilización de las necesidades de los demás y de mi contribución hacia su logro. A través del desprendimiento de MIS necesidades y de voltear a ver la realidad de los demás, he logrado descubrir y valorar muchos aspectos de mi realidad de una forma distinta y encontrar la satisfacción no únicamente a través del logro de mis objetivos individuales sino también participando en el logro de aquellos de los demás, y así conseguir auténticamente una colaboración conjunta en la cual nos complementemos y logremos avances relevantes como pareja, como familia, y también como comunidad. ¿Y tú, qué propósito tendrás para este 2014?

El poder de un sueño frustrado

Una de las capacidades más virtuosas y fantásticas del ser humano es la de soñar en un futuro mejor, una condición más próspera o un premio inédito aparentemente más allá de nuestro alcance. Ya sea un sueño personal como obtener un título académico y éxito profesional, o bien sueños de pareja como casarse, formar una familia y emprender un estilo de vida, o finalmente sueños humanitarios como erradicar la pobreza, el hambre o la discriminación en el mundo, los sueños representan una parte intrínseca de nuestra naturaleza humana e independientemente de nuestras condiciones e historia existe dentro de nosotros este potencial único y sumamente poderoso de crearlos.

Sin duda alguna podrás como yo recordar con gran claridad y júbilo el momento en el que uno de tus sueños se hizo realidad; existen muchos momentos memorables en la vida pero son realmente pocos aquellos en donde se conjugan satisfacción, orgullo, alegría y plenitud como cuando celebras tu matrimonio, te recibes profesionalmente, consigues una hazaña aparentemente imposible o nace tu primer hijo. Los sueños son entonces logros inigualables que nos brindan gran placer al conseguirlos y por lo mismo, los perseguimos hasta el cansancio ampliando nuestros límites y horizontes; hoy en día es común encontrarnos dentro de la popular corriente de pensamiento que promueve la búsqueda y lucha de nuestros sueños asimismo nuestra capacidad de transformar nuestra realidad a través de nuestros pensamientos (Creer es Crear, E-Square, etcétera) y es que ya desde hace varios años Paulo Coelho puso de moda la idea de que si realmente deseamos algo en cuerpo, espíritu y corazón, y enfocamos toda nuestra energía hacia su logro entonces seguramente el universo “conspirará” para que así suceda.

Sin afán de demeritar el potencial habilitador que tiene la psicología transpersonal y mucha de la literatura relacionada –tanto la sustentada como la romántica– en mi experiencia creo que es prudente y además necesario reconocer que NO todos nuestros sueños podremos hacerlos realidad, y el llevar la búsqueda de ellos a un extremo puede tornarse no sólo en un camino egoísta y caprichoso sino también puede resultar perjudicial para nosotros y nuestro entorno.

Incluso ahora que lo acabo de escribir me parece triste, derrotista y desmotivador el afirmar de forma tan contundente que existen sueños irrealizables y que por más que yo desee algo, luche con todo mi empeño y tenga al universo de aliado no lo conseguiré. La vida sin embargo está llena de ejemplos que si somos lo suficientemente receptivos podremos apreciar incluso más cerca de lo que creemos: matrimonios y familias separadas, carreras artísticas y deportivas interrumpidas, ideales profesionales aplazados por años y sin duda mucha hambre, odio, envidia y carencias en el mundo. En la experiencia personal del mismo modo, estoy seguro recordarás también sueños y objetivos que nunca lograste… podrás decir “al final no era lo que deseaba” o bien otros dirán “no lo perseguiste lo suficiente” y quizás ambos tengan razón, pero la realidad es que existe una probabilidad latente de que los sueños que tienes en este preciso momento nunca los logres. En lo personal en los últimos 2 años he podido vivir en carne propia que el desear algo con todo el corazón, enviando mensajes al mundo, encomendándome en todos los santos y preparándome de diversas formas y aspectos no es necesariamente suficiente para que un sueño en particular se logre, y a raíz de esta experiencia precisamente he desarrollado una teoría que me resulta interesante: ¿qué tal si la vida y la felicidad en sí no se trata realmente de alcanzar nuestros sueños?

Ante sueños finalmente frustrados a pesar de nuestra insistencia existe una nueva oportunidad de aprendizaje y crecimiento quizá incluso mayor que la que encierra el logro de los mismos y es el descubrir la vida misma y sus lecciones a través de nuestro andar hacia estos sueños. El sueño en sí no se convierte entonces en el fin como tal, sino en un motor que acciona nuestro paso y marca el camino hacia el cual en ese momento queremos –o necesitamos- andar. ¿No he logrado ninguno de mis sueños personales? Quizá sea momento de buscar sueños compartidos y a través de nuevos aliados y compañeros de vida soñar nuevamente; ¿he fracasado en el logro de una meta social o de pareja? Quizá sea necesario reflexionar cuál era mi necesidad por cubrir al perseguir ese sueño y evaluar si la puedo cubrir desde otro ámbito. El mensaje es que quizá es necesario fracasar en nuestros sueños para darnos cuenta del camino que hemos emprendido hacia lograrlos y entonces redefinir el rumbo no necesariamente hacia su búsqueda pues reconocemos que no está ahí la felicidad y el crecimiento, sino hacia una profunda exploración interna de lo que hemos descubierto de nosotros mismos en ese camino, cómo hemos evolucionado y en qué nos hemos fortalecido y descuidado, para entonces revalorarnos como personas y encontrar nuevo significado a nuestro andar. La mayor pérdida y a la vez la mayor oportunidad entonces de un sueño fracasado no es el no logro del sueño como nos han enseñado a concebir (logro de sueño = felicidad), sino la lección que el camino del “fracaso” hacia este sueño encierra.

Durante sus famosas conferencias de superación personal, Nick Vujicic afirma que la realidad “no puede ser obviada” poniendo de ejemplo que él sin tener extremidades no puede aspirar a ser un corredor, sin embargo denota que nuestro enfoque no debe ser en nuestras carencias sino en nuestras virtudes y posibilidades. Ante el “fracaso” aparente de mis sueños y ambiciones personales, debemos tener la fe y convicción de que nuestra vida y nuestro sentido de existencia responden a un plan más grande y amplio de lo que uno puede ver y, citándolo nuevamente, “quizá no podamos ver pero no quiere decir que no exista”.

Antes de finalizar quisiera ser claro y reafirmar que así como la fuerza de voluntad es una de nuestras virtudes y herramientas más poderosas como seres humanos, nuestra capacidad de soñar es fundamental en nuestra vida pues es la que detona nuestra energía interna hacia el movimiento constante y por tanto a nuestro desarrollo; la fe y convicción en nuestras creencias es siempre un bastión sólido en el cual soportar nuestro andar y ante los inevitables fracasos de nuestra vida, debemos tener la claridad de que los sueños son tan poderosos por la satisfacción que nos brindan en su logro, como por las lecciones y transformaciones internas de su búsqueda, así como por la visión esperanzadora y noble que despierta en nosotros ese deseo constante de vivir y luchar por una condición mejor. Como Neil Gaiman menciona en una de mis novelas gráficas favoritas The Sandman: “son los sueños los que dan forma al mundo”.