¡Madres! ¿Feliz día…?

Mi mamá solía decirnos desde muy pequeños que “el amor más grande y puro que existe en el mundo es el de una madre por un hijo” y aunque seguramente no es una frase suya, es algo que recuerdo desde pequeño y que siempre me generó duda y controversia y aclaro, no porque no pudiera percibir un gran y profundo amor de su parte –todo lo contrario-, sino porque esa expresión de alguna forma en mi mente me llevaba a pensar en mis limitaciones y que este amor yo nunca lo podría experimentar más que como un hijo.

Ciertamente hoy muchos años después, si bien reconozco que nunca podré vivir entonces este amor como una madre, tengo la firme convicción de que mi mamá estaba equivocada al afirmar la grandeza y pureza de este amor, pues hoy en día tengo suficientes elementos para afirmar que no todas las madres cumplen cabalmente con esta descripción cuando se trata de amar a sus hijos.

¿A partir de cuándo supiste que eras mamá? Le pregunté en una ocasión a una querida amiga que con una gran sonrisa y palpable emoción nos relataba su gran descubrimiento: “Cuando la prueba de embarazo salió positiva fue cuando lo confirmé, pero yo ya desde antes sospechaba algo… me sentía súper diferente los días anteriores, algo no era normal”. Y es que ciertamente coincido que mucho antes de que ella se hiciera la prueba, las cosas ya no eran como antes y para bien o para mal, nunca volverían a ser iguales.

El tema de las felicitaciones a las mamás me resulta, debo confesar, sumamente confuso y delicado porque existen mujeres embarazadas a las cuales uno las felicita por ejemplo hoy, día de las madres, y mientras algunas responden “no te anticipes, porque todavía no soy mamá” otras contestan con emoción “¡gracias! es mi primer día de las madres”. Por otra parte, es sumamente triste y a la vez absolutamente incomprensible entender el profundo dolor que algunas de estas amigas y/o conocidas han llegado a vivir cuando llegan a perder a su hij@ antes de su nacimiento; y sin embargo es ahí donde las complicaciones se incrementan y me siento perdido e ínfimamente pequeño pues me pregunto… ¿entonces, ciertamente estas mujeres, fueron o no mamás?

Si yo me diera la autoridad para definir y categorizar a una madre desde mi corta visión del mundo, diría que son mamás todas aquellas mujeres que co-crearon una vida por corta, complicada o insignificante que esta sea, sin embargo no he terminado de escribir esta frase cuando ya me arrepiento y dudo si es que realmente existe algo como una vida realmente insignificante: ¿qué parámetros existen para definir una vida como banal, pasajera o irrelevante? ¿Es el parámetro de medición y clasificación el que alguien viva acaso la mitad de una vida promedio de 25,000 días? ¿O que nazca libre de aflicciones físicas o mentales? ¿Son entonces las condiciones en que se dio la concepción, o la posible calidad de vida que pueda tener esta vida la que la hacen más o menos relevante? ¿Es mi vida banal si sólo viviera 3 días, o bien si no lograra algo importante a lo largo de 100 años? En mi reiterada humilde opinión, una madre es madre tanto como una vida es vida desde que reconoce que ha formado parte de una co-creación (¡porque los hombres también somos responsables!) y, en palabras de mi amiga, las cosas “ya no son como antes”.

En una gran cantidad de países del mundo es común y natural definir –porque como seres humanos nos gusta concretar y estructurar nuestro conocimiento- que esto sucede a la semana 12, es decir, la vida es vida a las 12 semanas de la concepción. También es común encontrar una afirmación global de que esa vida si bien existe y tiene el potencial de ser independiente, en ese momento puede ser anulada si la libertad y el derecho de quien le brinda la dependencia así lo desea. Sin afán de ser simplista y cruzando entonces estos dos conceptos, me cuesta mucho darle la razón entonces a mi madre cuando sé que existen en nuestro país al año más de 20,000 mamás que con menos de 12 semanas de embarazo deciden quitarle la vida a su hij@ por alguna razón ____________________ (por favor llene el espacio con la que le resulte más adecuada). Yo no soy ninguna autoridad para calificar este acto –mucho menos a quien lo cometa- pero lo que sí creo es que éste no refleja la expresión del amor “más grande y puro” al que se refería mi madre.

El día de hoy entonces aunque es un día en el cual primordialmente agradezco a Dios la bendición tan grande de tener una mamá tan amorosa y entregada como la mía, es un día que me invita a agradecer y reconocer también a todo el resto del universo de mujeres que tuvieron el valor de ser mamás, y a pensar entonces en todo aquel conjunto de elementos y características entonces que hacen diferentes a aquellas mamás que no sólo conciben a su hijo sino que deciden también permitirle tener una vida.

Si uno se detuviera el día de hoy a leer al menos la mitad de las fotos, cartitas, frases y reflexiones que se encuentran en todo tipo de medios y que hablan de las madres, encontraría que como sociedad reconocemos fuertemente en la figura de las mamás no sólo grandes portadoras y patronas del amor, la formación, el apoyo, la comprensión, la fortaleza y la unión de la familia, sino también un rol como pilares en la educación de valores y la espiritualidad en nuestra sociedad; una madre es entonces un elemento único e inquebrantable de nuestra sociedad, un ser lleno de talentos y con grandes responsabilidades que cumplir, unos zapatos grandes que llenar y que sin duda, le podrían dar miedo a cualquiera: ser madre creo yo en cualquier circunstancia o condición no es tarea ni responsabilidad fácil o pequeña.

Ante este panorama y el relativismo de principios que tenemos hoy en día, es entendible entonces que en circunstancias adversas una madre pueda apelar a su libertad de terminar con la vida de su hij@, sin embargo y aunque muchas organizaciones –incluso religiosas- permitan en ciertas condiciones el aborto o perdón, la interrupción legal del embarazo, no justifico este acto pues en mi opinión, una libertad que cancela otra libertad no te hace realmente libre y cuando una madre aborta, algo dentro de ella más allá de su hij@, también muere. El día de hoy reitero mi insignificancia para juzgar a cualquier persona pero también mi derecho a expresar mi opinión sobre un acto que considero no está a la altura de lo que todos esperamos y creemos es una madre,  y aplaudo DE PIE a todas aquellas mujeres que en todo tipo de circunstancia día a día nos demuestran que ser madre es una oportunidad única para conocer el amor a través de los hijos, luz de esperanza aún en las condiciones más adversas.

No quisiera terminar sin antes voltear al espejo y reconocer que como hombres somos co-partícipes de las vidas que se crean y terminan día a día en nuestro país y nuestro mundo; nuestras leyes y nuestros actos son incongruentes con toda esa imagen que hoy defendemos e hipócritamente celebramos con rosas a nuestras madres, hermanas, esposa y amigas, pues obviamos pasiva e irresponsablemente nuestro rol dejando y abandonando el concepto de familia, pareja, unión y matrimonio que fundamenta nuestra sociedad. Recordemos que el amor es realmente probado en las adversidades, y sólo es auténtico cuando demuestra ser no sólo un sentimiento sino una expresión de realmente compartir una vida y las vidas que esta vida genere tanto en las buenas como en las malas.

Definitivamente sólo una madre puede entender y saber el amor que tiene realmente por sus hijos; si bien yo puedo creer que todos merecemos una oportunidad de vivir, reconozco que las generalidades son complicadas y que existirán sin duda casos y circunstancias extremas en las cuales tomar esta decisión resultará “razonable”; como sociedad nuestro reto está entre realmente discernir la excepción de la norma y recuperar una congruencia en nuestro discurso y nuestros actos para realmente, brindar no sólo argumentos sino condiciones físicas y emocionales para que toda madre pueda no sólo crear vida sino darle una vida a su hij@… si todo esto te resulta ridículo, una utopía sin argumentos, quizás estés en lo cierto y en el fondo, tan sólo soy un niño que quisiera que su madre tuviera razón.

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