¿Cuál es tu casa blanca?

Tiempo de elecciones: tiempo de promesas, tiempo de mentiras, tiempo de ponernos nuestras mejores galas, mostrar nuestra mejor sonrisa y el mejor perfil. Durante los últimos 20 días y dado que mi ruta del trabajo ahora tiene al menos 15 anuncios de los candidatos del PRI y el PAN a la gubernatura y presidencia municipal de Querétaro -sin contar los anuncios de radio los cuales duran más que la música- me he visto en la forzosa necesidad de reflexionar nuevamente sobre la política y sobre todo esta época de campañas y cómo impacta en nuestras vidas… no me lo tomen a mal pero es lo menos que puedo hacer pues como le decía entre broma y broma a un taxista esta semana, “ya los veo más que a mi esposa”.
Contrario a lo que dijera Molotov en su canción Hit Me: “Cuando era chico quería ser como Superman, pero ahora ya quiero ser diputado del PAN… o del PRI o del PRD, o cualquier cosa que tenga un poco de poder”, cuando era chico yo sí quería ser Presidente de México; en una escuela católica pegada al boulevard de Veracruz, mi pequeña visión del mundo a los 9 años me hacía creer que estar en el poder era precisamente el medio para hacer mucho bien y terminar con los grandes problemas del mundo. A los 18 años empecé mis primeros pasos –completamente apartidistas- en la política estudiantil la cual en mi experiencia resultó un ensayo bastante crudo de la vida real; bastaron 4 años en los cuales pude palpar de forma cercana lo que significar ser parte del “ámbito político” para no querer nunca más estar cerca de él: presencié cómo un medio de comunicación intentó usar mis declaraciones para generar polémica entre instituciones académicas; observé como colegas de otras universidades usaban el mismo rol que yo tenía para conseguir privilegios como viajes a Cancún y grandes cantidades de efectivo; un antro nos intentó sobornar a un amigo y a mí para obtener ganancias adicionales de un evento universitario; fui parte de la organización de un Panel Político de los entonces candidatos a la gubernatura de Querétaro y mientras unos nos invitaban a lujosos desayunos, comidas y fiestas totalmente pagadas “sin intención alguna de comprar nuestros votos”, otros nos dejaban plantados sin aviso alguno mientras que los últimos nos trataban despectivamente pues “no nos necesitaban, ya tenían segura la victoria”. Recibí muchas invitaciones y cortesías a fiestas, eventos especiales de artistas y marcas comerciales, así como 1 invitación a hacerme militante de un partido del cual me di cuenta, era como todos los demás. Fueron los 2 años en los que tuve más amigos que nunca, y menos amigos que nunca. 11 años después de estos eventos al observar el ámbito socio-político actual me doy cuenta que si bien mi concepción de la política y sus representantes ha cambiado ya muy poco, quien ha cambiado soy yo y esas incongruencias cada vez más latentes lejos de despertarme indignación y decepción como antes, el día de hoy son una oportunidad abierta a crecer como persona e invitar a otros a que lo hagan también; a continuación les presento algunas incongruencias que sin bien son comunes en la política hoy las veo cada vez más presentes en otros ámbitos de nuestra realidad cotidiana:

1) La soberbia y la pérdida de memoria. Como bien dijera George R. Martin, autor de los libros de la saga conocida como Juego de Tronos, “El poder reside donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos”. Existen muchas personas que al obtener un cargo político pierden completamente el piso y cambian actitudes y comportamientos originalmente naturales en ellos: la sencillez en su vestimenta y su estilo de vida, la cordialidad en su trato al prójimo, la paciencia ante quienes los atienden o sirven, y el trato justo y respetuoso ante quienes son novatos o inexpertos como ellos lo fueron hace algunos años. Honestamente esta situación la he visto más en la vida diaria que en la política y es que seamos honestos, a veces nos subimos apenas a un ladrillo y ya nos estamos empezando a marear… ya sea porque nos acabamos de comprar un carro nuevo o cambiamos de puesto a uno mejor, o bien obtenemos algún cargo o somos bien evaluados en cualquier tipo de competencia académica, deportiva o profesional, muchas veces somos víctimas de aquello que criticamos y sentimos que “nadie nos merece”. Mi invitación es que hagas lo que hagas y logres lo que logres, no olvides nunca 1) aquellos valores que te llevaron a conseguir lo que has logrado, 2) la gente que te ayudó en el camino y 3) da justa proporción a las cosas, recordando la cita anterior o en una versión preferida mía por Mateo 6, 19-23 “Donde esté vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón”.

2) La acumulación de bienes y la falta de empatía social. Hoy está muy de moda criticar la Casa Blanca, los viajes y los vestidos de la esposa y la hija de nuestro presidente -entre muchos otros despilfarros de dinero que tiene la clase política- sin embargo cuando pasamos la tijera olvidamos dar una vuelta por nuestro clóset, nuestra cochera y nuestro escritorio para revisar –en su justa proporción- en qué aspectos de nuestra vida también buscamos y nos damos lujos innecesarios no sólo con dinero propio sino también con aquel por el cual no necesariamente dimos un mayor esfuerzo. Qué fácil y cómodo resulta sentarnos y decir “ella tiene todo eso porque es esposa del presidente” “aquél tiene esa propiedad porque la heredó de su padre” sin embargo ¿cuántas veces nos ponemos a pensar en qué méritos propios hemos tenido para tener la casa, el carro y la vida que nos damos? Aquella herencia que recibimos de nuestros abuelos, aquél negocio próspero familiar del cual somos beneficiarios y todos los bienes que legal y cabalmente disfrutamos hoy en día y aclaro, no tiene nada de malo el tenerlos, no deben de pasar desapercibidos cuando criticamos la falta de empatía social que tienen nuestros políticos con las minorías y los sectores marginados de nuestro país. ¿Nos hemos puesto a pensar y hemos actuado ante la realidad social que viven nuestros padres, nuestros hermanos, vecinos, y la gente que nos ayuda cotidianamente en nuestras labores del día a día? ¿Cómo participamos nosotros de la justicia social, del famoso equilibrio social que reclamamos de nuestros gobernantes? Así como muchos políticos “no escogieron nacer” en un seno privilegiado, la gente que está en peores condiciones sociales, afectivas, intelectuales y económicas que nosotros no eligió la vida que tiene y sin embargo son parte de nuestra sociedad y es entonces nuestra responsabilidad ser partícipes de su desarrollo y prosperidad con tanta exigencia como la que le pedimos a la clase política de otra forma, fallamos rotundamente a la empatía social que tan duramente criticamos cuando vemos la foto de la boda de Nolasco y Anahí con las mujeres indígenas de Chiapas.

3) La mentira y las apariencias. Como dije al empezar este escrito, el periodo de campañas es aquel en el cual los políticos nos muestran su mejor discurso, la mejor foto y sonrisa con miras a vendernos y obtener el voto de los demás. ¿Cuántas veces al año nos ponemos “en campaña” para obtener el agrado, el tiempo, el dinero o bien el favor de un jefe o un amigo? Quizá cuando queremos obtener una recomendación para un nuevo puesto, o bien cuando queremos que nos compren un nuevo producto que estamos comercializando, o también ¿Será acaso cuando estamos buscando que nuestro hijo sea escogido como parte de un equipo representativo? Nuestras agendas ocultas son igual de nocivas que las de nuestros candidatos, y quizá pensemos que no tiene mayor impacto el buscar un favor especial a través de una pose, el bluff o una “mentira piadosa” sin embargo en mi opinión el lobbying en cualquier ámbito de nuestras vidas es no sólo un juego inefectivo en el largo plazo, sino uno a través del cual perdemos nuestra verdadera valía y dignidad pues nos enfocamos en lo que queremos aparentar y no en lo que auténticamente somos. Nuevamente la invitación es a la autocrítica y lejos de enfocar nuestros esfuerzos en apariencias sociales mostrando nuestra realidad o nuestra familia tan “plena y feliz” como se ven las de los políticos en esos coloridos y sonrientes espectaculares, dediquemos nuestra energía y tiempo en hacer de nuestra familia y nuestra realidad algo íntegro y feliz de una forma tan auténtica que aunque suene trillado, brillará y hablará por si sola.

4) La falta de honor y el insulto a nuestro intelecto. En lo personal y disculpen la expresión me resulta aberrante y me da asco la mercadotecnia política que existe hoy en día. Tanto me ofende y me avergüenzan los mensajes de “Mano firme contra la corrupción” de un partido con el historial como el que tiene el PRI, como las acusaciones y los espectaculares “¿Qué escondes Loyola?” que hacen ver al PAN como un niño caprichudo y sin argumentos propios. Me entristece ver en las esquinas gente a la cual le pagan por ser merolicos y marionetas de un partido y me pregunto si es más lamentable que tengan que pagarle a la gente para que los apoye, o que exista gente que no tenga mejores opciones de empleo que estas. Sin embargo ese coraje y esa frustración se vuelven más provechosos cuando volteo al espejo y me pongo a pensar ¿Cuántas veces he hecho yo también guerra sucia? ¿Cuántas veces he recurrido también a criticar a mi prójimo como el mejor argumento para postularme para algún bien? ¿cuántas veces he escuchado a alguien decir “es que ese niño es muy mal portado” o “esa persona realmente no ha trabajado nada para lograr eso” en lugar de escuchar los méritos que cada hijo/persona tiene para obtener algo? Cuando nuestro mejor argumento es la crítica al otro lo que ponemos en evidencia es que no tenemos los suficientes elementos positivos para hacer una propuesta de valor y entonces nuevamente estamos desvirtuando no sólo nuestro espíritu competitivo buscando ganar a costa de lo que sea sino demostramos también que en algún punto, así como los políticos, todos tenemos que ensuciarnos las manos y perder un poco de nuestra virtud para ganar.
El fin último que atribuimos a la política de trabajar y servir a la comunidad es irónicamente el mismo fin último que tenemos en nuestras vidas. Independientemente de los sueños y distintas formas en las que cada quien busque trascender en este mundo, creo sinceramente que todos buscamos dejarlo un poco mejor de lo que lo encontramos, sin embargo no todos estamos conscientes de que el camino a hacerlo es el servicio al prójimo y que para hacer grandes avances, así como en la política, tenemos que estar dispuestos a trabajar con autocrítica y en colaboración con el prójimo. ¿Qué otras incongruencias encuentras en la vida política que nos arrojan aprendizajes sobre nuestra vida social como individuos y país?

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