Preocúpate cuando estés muerto

El 2015 empezó rápido e intenso pues apenas llevaba dos semanas del mismo cuando ya había perdido la poca paz y tranquilidad ganada en mis vacaciones familiares… estrés, angustia, enojo, mal estado de ánimo y hasta insomnio, estos síntomas de que “algo no está bien” fueron la tónica de las dos últimas semanas y la razón detonante para inspirar finalmente esta entrada a mi blog.

Durante las últimas semanas al platicar con amigos o familiares algunos de mis problemas y preocupaciones escuché reiteradamente las famosas frases de apoyo y consuelo: “no te preocupes, ocúpate”… “preocuparte es inútil”… “preocúpate cuando estés muerto” y la verdad es que de poco sirve escuchar estas frases cuando ya sabes que son ciertas, pero por más que lo intentes no puedes llevarlas a cabo. Dejar de preocuparnos no es un acto que requiere únicamente el uso de nuestra consciencia y el análisis de lo que podemos hacer realmente respecto a la preocupación, sino también un autodominio emocional y un sentido amplio de toda la multidimensionalidad de la vida para entonces sí, dejar de preocuparnos y poder continuar de forma plena nuestra vida.

Entender entonces que del dicho al hecho hay un largo trecho no es tan fácil como decir “no te preocupes”, y al menos en lo personal este recorrido emocional y reflexivo de las últimas semanas además de desgastarme sobremanera, me brindó algunos aprendizajes que comparto con ustedes y espero nos sean a todos de utilidad ya sea para preocuparnos menos, o bien para darle utilidad a nuestras futuras preocupaciones:

  • Preocuparnos es algo natural y que forma parte de nuestra vida y nuestra historia. La inquietud por el desenlace incierto de algo futuro está presente en nuestras vidas desde pequeños ya sea por saber si nos irá bien en un examen, si nos dolerá o no una inyección, si le gustamos a esa persona especial o bien si los regalos anhelados llegarán o no a medianoche de Navidad; sin embargo estas preocupaciones, aún en edades muy tempranas, varían susceptiblemente dependiendo de las condiciones socioeconómicas de nuestro entorno, por lo mismo lo que para algunas personas son preocupaciones fundamentales -como quizá el último ejemplo- para otra persona son sumamente triviales o inexistentes. Lo crítico es que sin importar nuestra situación o contexto, siempre tenderemos a preocuparnos y dicho sea de paso, conforme aumente nuestra edad las preocupaciones que tendremos serán más severas (salud, finanzas, política, etcétera) y cuantiosas (preocupaciones no sólo por nosotros sino por nuestros hijos, amigos, hermanos, padres, abuelos, etcétera) y por lo mismo, se vuelve relevante el aprender a manejarlas de forma adecuada.
  • Todos tenemos preocupaciones. Estas últimas semanas en las cuales mis preocupaciones se convirtieron en un tema altamente significativo en mi vida, pude notar como mi receptividad hacia las preocupaciones de otras personas fue mucho mayor y fue tan sólo cuestión de minutos lo que me tomó darme cuenta que estoy expuesto a muy distintos tipos de preocupaciones: las que tiene mi hermana por sus pacientes, las de cierta amiga a la que le ofrecieron un nuevo trabajo y cambio de residencia, la de otro amigo que presiente que en su empresa habrá un recorte de personal, la de mis familiares por la salud de mi abuelita, las de mi esposa por un nuevo reto personal y la de muchos mexicanos por nuestro país en distintos aspectos. Ahora bien, ¿qué tiene de importante entender que todos tenemos preocupaciones? La respuesta no está en el ¿qué?, sino en el ¿para qué?; estar conscientes de que todos tenemos preocupaciones por sí solo no genera cambios sin embargo puede abrir nuestros ojos para que nuestro comportamiento hacia los demás sea más empático, tolerante y cordial de modo que no vivamos encerrados en el egoísmo de nuestras vidas y nuestros problemas. En lo personal este elemento fue de gran valor para fortalecer la relación con un amigo pues pude estar cerca de él y acompañarlo en momentos de gran preocupación, sin embargo creo que las posibilidades que este concepto abre son muchas en términos de una sociedad más tolerante, incluyente y de apoyo.
  • Aquello que me preocupa NO es el fin del mundo. Subiendo en la escala de consciencia respecto a nuestras preocupaciones, las de nuestro alrededor y las consecuencias que todas pudieran tener, fue sumamente claro para mi entender y dimensionar dos cosas: la primera que si bien mis preocupaciones son grandes, en el peor desenlace de las mismas la vida sigue y en dichas condiciones es mi deber seguir adelante y afrontar la vida; existen en nuestro alrededor un sinfín de casos y ejemplos de personas que han enfrentado problemas similares y en muchas ocasiones superiores a los nuestros y, lejos de compararlos lo cual sería un gran error, hay que aprender de estas experiencias y encontrar aquellos factores de éxito que otros encontraron de sus problemas para transformarlos en oportunidades de crecimiento y felicidad. Esto no quiere decir que tiremos la toalla o dejemos de hacer aquello que es necesario para “evitar” los peores escenarios de nuestras preocupaciones, sino todo lo contrario, hacer un esfuerzo emocional e intelectual para visualizar el peor escenario y aún en el mismo, saber que no estamos solos y que podremos salir adelante si tenemos la voluntad y fe en nuestra persona, en Dios y en el mundo.
  • A mucha preocupación, mucha prudencia. Cuando tenemos grandes problemas y la angustia crece, el manejo de nuestras emociones y sentimientos se vuelve sumamente errático; en estas semanas he hecho una gran cantidad de corajes y creo que, dentro de muchos otros factores que no puedo visualizar, el mal manejo de nuestras emociones en momentos de gran preocupación puede generar consecuencias negativas en nuestro entorno:
    1. Proyectamos a los demás una imagen incorrecta o incompleta de nuestra persona.
    2. Influimos en cómo los demás conciben el entorno o a las personas y por lo mismo, se comportan igual que nosotros o de una forma sesgada.
    3. Nos desgastamos física y emocionalmente, muchas veces desperdiciando además nuestro tiempo.
    4. Entorpecemos y ponemos trabas en nuestras relaciones interpersonales.

En mi caso si bien el enojo se apoderó de mí y creo tuve varias afectaciones de las arriba mencionadas, creo que rescato algo relevante y es que no tomé decisiones importantes o me dejé conducir de forma impulsiva con actos de mayores consecuencias; en resumen, es crítico que entendamos que cuando la preocupación se adueña de nosotros, nuestras emociones y reacciones generalmente extremas y poco objetivas, por lo mismo debemos buscar primero tener un control emocional antes de pensar en acciones concretas respecto a nuestro problema.

  • Preocuparse no debe ser minimizado. Si bien parecería que preocuparnos no deja nada bueno, es importante recalcar que el acto de dedicar energía y atención a algo o alguien es un buen indicador de qué cosas son relevantes para uno, y esto es una brújula inequívoca para hacer conscientes nuestras prioridades, qué relaciones son más importantes para nosotros, y qué decisiones son realmente significativas en nuestra vida. Según distintos autores como el Psiquiatra Edward Hallowell, las preocupaciones al igual que el miedo tienen una función productiva en nuestra vida por lo que así como tienen el potencial de incapacitarnos y paralizarnos por el discurso fantasioso que pueden generar, también pueden impulsarnos a actuar desde una consciencia y un control emocional mayor.

Con todos los puntos presentes, realmente lo más curioso es que nunca terminamos de dominar nuestras preocupaciones; como ya antes lo mencioné, nuevas y “mejores” preocupaciones vendrán sin embargo, la única garantía de que podamos afrontarlas y superarlas con entereza y con la menor afectación a nuestras relaciones o aspectos más importantes de nuestra vida será nuestra maestría para manejarnos dentro de ellas de una forma consciente para lo cual entonces cada preocupación resulta en una nueva oportunidad de crecimiento y aprendizaje. ¡Éxito!

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2 comentarios el “Preocúpate cuando estés muerto

  1. Justo ahora me sirve mucho leer esto, puesto como lo comentas… todos tenemos preocupaciones, y el hacerlas menos es un error, son cosas que debemos afrontar para bien o mal, eventualmente nos harán crecer. Yo realmente me manejo por mis emociones y es algo que trabajo continuamente para no expresarlos incorrectamente. Y pues aunque no queramos, las respuestas emocionales afectan nuestro entorno, ante todo hay que estar calmados para poder tomar decisiones conscientes e inteligentes.

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