Critico, luego existo

Existen ocasiones en la vida en las que los cambios más insignificantes pueden detonar profundos procesos de reflexión y auto revelación; hace poco más de dos meses descubrí en Facebook la –magnífica- opción de “no quiero ver esto”, un pequeño botón que te permite bloquear si así lo deseas, las publicaciones que otras personas hacen para que no aparezcan en tu muro personal. Siendo honesto no recuerdo exactamente cómo encontré dicho botón, sin embargo lo que sí tengo claro es que a partir de que empecé a usarlo mi experiencia de navegación es sumamente distinta, mucho más agradable y positiva de lo que era antes. Lo anterior es sumamente lógico cuando uno se pone a pensarlo y es que seguramente todos podemos ubicar a más de un amigo cuyos comentarios ridículos, nefastos, ñoños, cursis, egoístas, improductivos o _________ (llene aquí cualquier adjetivo de su elección) no son del todo agradables o interesantes, sin embargo lo curioso de todo esto es que aunque podrían haber muchas razones por las que pude hacer uso del susodicho botón -por ejemplo el típico “Juanito acaba de correr 200 kilómetros y ahora tiene más Nike Fuel que el que tú obtendrás en toda tu vida”-, realmente en la mayoría de los casos bloqueé comentarios y personas cuyos posts son, en su mayoría, de crítica destructiva e improductiva hacia todo tipo de temas.

El mundo es muy amplio y una de las realidades que más me ha costado aceptar es el hecho de que pase lo que pase, haga lo que haga o bien deje de hacer siempre seré (y tú también) criticado por mis actos, convicciones y declaraciones; si bien existen muchas personas que en la mayoría de ocasiones pueden mantener una filosofía de “vive y deja vivir”, creo que el común denominador y parte de nuestra naturaleza humana es que propiciamos y alimentamos la crítica a todo tipo de posturas, ideologías, modas o aficiones que son distintas a lo que nosotros practicamos, creemos o deseamos. Ya sea si estamos a favor o no del ice bucket challenge, del suicidio de Robin Williams, de que se apruebe o no un proyecto de transporte ferroviario en Querétaro o bien estemos a favor o en contra del último logo del Tec de Monterrey, está en nuestra naturaleza criticar, criticar y criticar.

Ojo, antes de profundizar en el tema me gustaría aclarar que en definitiva no estoy en contra de la crítica ni la desapruebo, muy por el contrario me gusta, la disfruto y la practico en blogs como éste; en mi opinión existen dos tipos de crítica: por un lado aquella que es objetiva, que cuestiona de frente, escucha y es propositiva y por el otro lado aquella apasionada, cobarde, intolerante y destructiva, simplemente orientada a herir y dividir, es a ésta a la que me quiero enfocar pues en mi opinión se está convirtiendo en una reacción o comportamiento ya sintomático en nuestra sociedad y al cual le destinamos demasiada energía y un termómetro perfecto son las redes sociales pues como diría mi hermana, “hay mucho odio en Facebook” y eso es un reflejo no sólo de cómo interactuamos entre personas y lo que sucede alrededor de nosotros, sino tristemente habla mucho más de lo que sucede DENTRO de nosotros.

Para entender entonces este fenómeno no hay mejor forma que empezar que partiendo de la experiencia por lo que me dediqué a revisar cuáles son los temas, comportamientos y personas que generalmente critico con mayor frecuencia e intensidad; si bien tenía ya cierta conciencia de este comportamiento propio, el ahondar un poco más en ellos, en cómo resuenan en mí y qué elementos contienen que despiertan mi crítica detonó hallazgos reveladores y honestamente, algo incómodos que creo quizá te puedan resultar interesantes:

  • Mucho critico lo que no conozco. Existen críticas que hacemos sobre ciertos temas muy a la ligera, con poco contexto y mucho menos experiencia de los mismos, así como con posturas poco abiertas a realmente detonar un diálogo e interacción más profundos sobre los temas; hoy en día es común encontrar posturas pobres en las que únicamente expresamos nuestro pensamiento “yo pienso esto de este tema y punto final” y difícilmente nos damos el tiempo y el esfuerzo que implica el realmente hacer de nuestras críticas –verbales y digitales- plataformas de discusión donde como individuos, aprendamos algo del otro, entendamos el por qué alguien piensa distinto y sobre todo nos aceptemos con nuestras diferencias.

 

  • Mucho critico aquello que envidio. Existe una frase muy popular en desarrollo que dice que “lo que te choca te checa”, refiriéndose en este contexto que aquello que no nos gusta de los demás en muchas ocasiones es un reflejo de aquello que no nos gusta de nosotros y quisiéramos cambiar. En lo personal encuentro que varias veces critico no sólo porque quiero algo que otro más presume o bien no valora, sino también porque alguien goza de algo que yo no pude tener o disfrutar de joven; finalmente existen también críticas que hago hacia personas que viven de forma distinta a la mía y más que molestarme su estilo de vida, reconozco que lo que me molesta es que yo he decidido un estilo diferente que si bien tiene también sus beneficios, tiene retos o carencias diferentes que me pueden frustrar o cansar. El darme cuenta de cómo aquello que critico habla de mí me ha permitido voltear nuevamente al espejo y explorar y entender aquellos engranes que realmente detonan mi pensamiento y encontrar oportunidades para hacer cambios que me hagan más feliz, o bien aceptarme plenamente en mis acciones y pensamientos.

 

  • Mucho critico porque el hacerlo me da un Status. Definitivamente uno de los más populares modos de “desarrollarnos” personal, política e incluso laboralmente es “criticar a todos los demás” pues al hacerlo no sólo “no parezco yo tan malo”, sino también al hacerlo de forma elocuente y bien articulada, luzco como un experto en el tema –aunque no lo sea- y adquiero atractivas etiquetas y adjetivos de “analítico”, “divergente” y “retador del status quo”. En lo personal creo que –salvo los medios de comunicación es decir comentaristas políticos, sociales y deportivos donde la mayoría viven de generar polémica o morbo- quien vive este tipo de vida lo hace de forma totalmente inconsciente, por lo que aquí mi reflexión es estar más atento a mi dinámica interpersonal para entender si realmente mis críticas son constructivas y están puestas al servicio de los demás, o únicamente a un servicio propio.

 

  • Mucho critico porque es atractivo, seductivo, divertido y popular. Y sin duda alguna mi favorita, como personas debemos entender que “la ociosidad es la madre de todos los vicios” y que cuando tenemos tiempo libre y estamos desenfocados de actividades productivas, relaciones sanas y procesos de desarrollo, mucho de nuestro tiempo libre podemos ocuparlo en ser víctimas de la seducción de criticar pues la misma nos brinda el placer explícito o implícito de sentirnos mejores, al ver en la desgracia o crítica de los demás una oportunidad de reafirmar o tranquilizar nuestras dudas, debilidades y temores como seres humanos. Si bien puede resultar inofensiva y atractiva la crítica ocasional, mi recomendación es hacernos conscientes de la misma para así detectar cuando nos hemos vuelto adictos de la misma y se convierte entonces en algo más que una actividad casual sino en una práctica personal.

En un inicio lo comenté y ahora lo reafirmo: ADORO LA CRÍTICA pues cuando es propositiva y constructiva me ayuda a realmente ampliar mi perspectiva personal y aprender de los demás y de mí mismo, y cuando es negativa o destructiva me ayuda a conocer más de quien la hace y también entender desde la humildad que todos estamos en continuo proceso de desarrollo personal. Mi invitación final es a que entonces critiquemos, cuestionemos mucho y lo hagamos de frente, con ánimo y con argumentos pues hoy en día tenemos muchos críticos pero pocos argumentos, muchos gritos erráticos pero pocos rostros que sustenten sus palabras, mucho ruido… y pocas nueces. Hagamos crítica responsable de sus implicaciones y su impacto, congruente con el momento y que no sea sólo válida desde ciertas posturas o ciertos roles, hagamos entonces de la crítica un aliado, y una herramienta poderosa para despertar consciencias, empezando por la propia.

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