Cambia todo Cambia

Si has vivido lo suficiente en este mundo me darás la razón cuando afirmo que una de las pocas constantes innegables del mismo es que todo, sin excepción, cambia eventualmente. Como dijera Mercedes Sosa en su popular canción con la que nombro este blog, “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo…” y es que prácticamente todas las dimensiones del mundo como la natural, social, tecnológica e ideológica sufren evoluciones constantemente.

El cambio en mi opinión se puede evaluar desde dos perspectivas: la externa es decir la dinámica del mundo y cómo se transforman las circunstancias de nuestro entorno, y la interna que refiere aquellos cambios que suceden dentro de nuestra persona ya sea en lo físico, emocional, espiritual, intelectual o integral. Si bien existen un sinfín de teorías que afirman que a través del cambio interno podemos determinar cambios externos directa o indirectamente, desde mi experiencia creo en definitiva que uno no puede controlar todo lo que sucede a su alrededor, sin embargo lo que sí podemos alterar es cómo concebimos el cambio y por tanto, el tipo de impacto que éste tiene en nuestra vida.

En lo particular nunca me había preguntado antes por qué el cambio no sólo NO me incomoda como a muchas personas sino por el contrario, me fascina y apasiona. Al estar viviendo hoy en día un proceso de cambio y decidir escribir en este blog, me propuse hacer un recorrido mental a lo largo de mi historia personal y revisitar los cambios clave que tuve en la misma para entender  mi forma de pensar y mi postura ante el cambio:

El primer cambio relevante en mi vida se dio a los 7 años cuando nació mi hermano; hasta ese momento en mi vida tenía una única y estupenda compañera de juegos, mi hermana, y vivíamos en una pequeña casa en Veracruz en donde los dos dormíamos en el mismo cuarto. Con el nacimiento de mi hermano no sólo vino el cambio en la estructura familiar sino también uno de residencia a una casa mucho más grande en la cual cada quien tenía su espacio, juguetes y actividades. La edad y el hecho de que mi hermana empezara a madurar mientras yo permanecía alegremente en mi infancia fue sin duda el detonador para que nuestra dinámica cambiara y me orientara a convivir cada vez más con mi nuevo y pequeño roomie. Si bien este cambio implicó convivir menos con mi mejor amiga de la infancia, recibir una atención diferente de mis padres así como también perder a manos de mi algo destructivo hermano la mitad de mis juguetes y revistas, el pasar de ser el hermano “menor” a ser uno “mayor” me permitió experimentar nuevas vivencias y aprendizajes como el ser más responsable, compartido, humilde y autoexigente, así como me brindó la dicha de tener ya no sólo uno sino dos mejores amigos, compañeros de juegos, cómplices y confidentes.

El segundo cambio y sin duda el más crítico y formativo en mi vida fue a mis 14 años cuando mis padres decidieron que ya no viviríamos más en Veracruz sino en Querétaro. Sin abundar en aspectos como el económico del que ya he hablado antes este cambio implicó un gran shock y dolor en mi vida no sólo porque fue una decisión inesperada de la cual nos enteramos hasta estar aquí en Querétaro “de vacaciones”, sino porque en ese momento y desde mi concepción puberta-pre adolescente, Veracruz no sólo representaba mis mejores amigos y amigas sino mi escuela, mi formación, mis experiencias, mis sueños, mi vida hasta ese entonces. El cambio sin duda no fue fácil y recuerdo como anécdota el llorar y reclamarle la decisión diariamente a mis padres durante toda la primer semana de clases, o bien no comer durante varios meses lo que había desayunado ese primer día que nos mudamos –un 26 de agosto de 1996- por el asco que ese recuerdo me generaba, sin embargo tengo que reconocer que una vez que acepté –o más bien me resigné- a esta decisión empecé gracias al apoyo de mi familia a encontrar muchas bondades y aprendizajes de este cambio: en primera descubrí que las verdaderas amistades son a prueba de distancia, aprendí que Veracruz y mi escuela de toda la vida no era lo único en este mundo para encontrar amigos, amigas y nuevas oportunidades, y –para mi sorpresa- me enrolé en un competitivo equipo deportivo de la escuela que a la larga sería clave para desarrollar mi pasión y mi “habilidad” en el fútbol soccer (de ahí la frase “Ganar no es lo más importante…”). A nivel personal no está de más afirmar que como familia y ante la adversidad, esta experiencia nos unió y nos permitió madurar en muchísimos aspectos.

Si bien a lo largo de los años he vivido muchos otros cambios relevantes como mi paso por la universidad y mi vida profesional, la pérdida de seres queridos, mis estudios de posgrado y por supuesto mi maravillosa vida de casado, debo reconocer que estas etapas al menos en perspectiva no fueron tan complejas o llenas de adversidades como las dos primeras mencionadas. La conclusión más relevante de esta revisión a mi historia es que cada cambio en mi vida me ha brindado grandes oportunidades de crecer y aprender. Siendo entonces que aún en las circunstancias más complicadas y desesperanzadoras el cambio ha representado algo positivo en mi vida, no es extraño por lo tanto que mi concepción del cambio sea sumamente positiva y por ello se detone mi apertura y entusiasmo ante el mismo.

Sin embargo me queda claro que no todos vivieron mi misma historia y por lo tanto es común encontrar en otras personas experiencias negativas relacionadas al cambio ya sea por las condiciones en que éste se dio o el efecto emocional que éste generó; ante el cambio externo entonces nuestra apertura y disposición a enfrentarlo no depende únicamente de una “actitud” o una “metodología para sobrellevar el cambio” sino también de cómo aprendimos y experimentamos una conexión emocional con el mismo. ¿Qué cambios relevantes has tenido en tu vida desde pequeño? ¿Cómo los viviste? No estoy descubriendo el hilo negro al afirmar que a la mayoría de la gente el cambio se le complica por sentimientos de aversión o incertidumbre y prueba de ello es que exista la Administración del Cambio como estudio, sin embargo creo que el analizar el cambio desde una perspectiva más amplia, es decir no del cambio al que me enfrento HOY sino del “concepto del cambio” que he formado gracias a mi historia puede resultar una herramienta que ofrezca nueva luz ante este tema.

Si bien entonces el cambio externo es en muchas ocasiones incontrolable e inesperado, nuestra responsabilidad y compromiso con nuestro crecimiento está en desarrollar una consciencia mayor y enriquecer nuestra experiencia y conocimiento con el aprendizaje de otros para re significar nuestro pasado y darnos la oportunidad de ver el cambio desde otra perspectiva. Finalmente el cambio nos guste o no, brinda una perspectiva más amplia del mundo pues nos empuja a vivir nuevas experiencias y nos reta a adaptarnos a éstas; nos sacude de nuestra área de confort y nos permite expandir nuestros límites al retarlos al máximo. Finalmente vale la pena hacer este esfuerzo pues lo único constante en esta vida es el cambio y como dijera también Mercedes Sosa, nunca estaremos acabados al 100% pues “lo que cambió ayer, tendrá que cambiar mañana”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s