Rescatando al Caballero

“Hombres necios que acusáis a la mujer, sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis” Qué ciertas y vigentes son las palabras de Sor Juana Inés de la Cruz al referirse a los hombres y mujeres del siglo XVII criticando su comportamiento, incongruencia e inmadurez. Aunque esta obra se enfocaba más en el género masculino y la doble moral con la que éste maneja su relación y deseos hacia la mujer, hoy en día creo también resulta atinada para analizar temas como la actual falta de “caballeros” o dicho de otro modo, que la “caballerosidad” se encuentre en peligro de extinción.

Como punto de partida y sin afán de ser concluyente, un “caballero” desde mi opinión es aquel niño, joven u hombre cuyo trato hacia la mujer se da siempre en un marco de atención, educación, elegancia, cortesía y respeto; si bien algunas personas podrían afirmar que este comportamiento era más común en los hombres del pasado, en mi opinión el debate está abierto pues existen muchos precedentes que demuestran lo contrario desde el plano civil, social, político y cultural; lo que sí me atrevo a afirmar es que sin señalar culpables o profundizar en comparaciones históricas,  encontrar un sujeto con las características de un “caballero” es complicado hoy en día y es preciso hacer algo al respecto.

Para entender entonces esta situación social debemos analizar los elementos que definen este comportamiento y su evolución; desde mi perspectiva existen dos razones fundamentales que detonan el comportamiento caballeroso y cortés por parte del hombre hacia la mujer:

1)      Los atributos naturales del género masculino. Si bien como hombres tenemos características esenciales que nos definen como el deseo de lucha, posesión, dominancia y competencia –entre otras cosas-, existen también muchos elementos bondadosos de nuestra naturaleza como lo es la necesidad de proteger, cuidar y proveer los cuales en un contexto de libertad y equidad nos motivan a un interés auténtico por generar seguridad, comodidad, satisfacción y gusto en nuestra pareja y el género opuesto. ¿Qué hombre no sintió desde niño una satisfacción pura después de generar a través de cuidado o atenciones la sonrisa de una niña o una mujer? ¿Quién de nosotros no escuchó de nuestros padres o algún adulto frases como “cuida de tu hermana” o “a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa” y se sintió empoderado y motivado a ejercer su cumplimiento? Si bien existen todo tipo de padres y modelos, creo no estar muy errado al afirmar que estas frases así como muchas conductas promovidas como ceder el paso, abrir la puerta, tener atenciones o detalles cariñosos, no alzar la voz a una mujer, etcétera, constituyen un código de conducta “básico” o elemental que como hombres al menos en la cultura latinoamericana aprendimos y reforzamos positivamente desde pequeños por distintos medios.

 

2)      La concepción amplia de la mujer. Un verdadero caballero entiende que la mujer no es un objeto sino un ser único y especial, hermoso no sólo en lo físico sino sobre todo en cada uno de sus atributos integrales como su feminidad, su intelecto, su emocionalidad y también su esencia natural y su rol generador de vida y amor. El caballero que logra entender la visión extensa de la mujer valora entonces en cada mujer, hermana, madre, tía o amiga un tesoro único, una mezcla exquisita de atributos los cuales debemos honrar no sólo con nuestra cortesía y atención sino con un respeto profundo a su persona, sus sentimientos, sus sueños y temores. A nivel de pareja el fenómeno se extrapola pues la mujer constituye en resumen nuestro  complemento perfecto y por tanto buscamos agradarla y favorecerla no para poseerla y controlarla sino por el contrario retribuirle la misma felicidad que ella nos brinda. Cuando hace 6 años le pedí a mi esposa que se case conmigo recuerdo exactamente pedírselo como un honor el cual me podía conceder; si bien creo que en la vida cotidiana llena de roces y estrés es a veces complicado mantener ese espíritu romántico y noble de valoración de la pareja, no debemos nunca olvidar que no hay mayor satisfacción como hombre que encontrar una mujer que nos acepte íntegramente y con la cual podamos compartir plenamente la vida misma.

Habiendo mencionado lo anterior y entendiendo que la instrucción y formación desde jóvenes de estos elementos es clave para que la caballerosidad como tal exista, debemos reconocer también que existen otros comportamientos sociales que hombres y mujeres tenemos que vulneran y debilitan la presencia de caballeros hoy en día:

Como hombres:

  • Hemos caído finalmente presa del mensaje mediático y la moda que nos incita a usar la caballerosidad como un medio para cumplir el anhelado objetivo de poseer –física y emocionalmente- a la mujer; la caballerosidad es en muchos casos un truco y artimaña que hábilmente usamos para disfrazar intenciones viles y alejadas completamente de la bondad de nuestra esencia.
  • El egoísmo nos impulsa a separarnos como género y ante la auténtica lucha de la mujer por derechos que anteriormente le han sido negados, reaccionamos de forma negativa, inmadura e infantil y “abandonamos” nuestra naturaleza y esencia para enviar un mensaje de ego hacia la mujer: “entonces mantente tu sola” siendo que nos olvidamos que ningún género, y ningún individuo, es 100% independiente y autosuficiente en una escala social y trascendental de necesidades.
  • Hemos olvidado la naturaleza de la relación hombre y mujer basada en principios como el respeto, la libertad, el amor y la fidelidad: como sociedad buscamos el corto plazo, divertirnos, gozar y disfrutar lo estético y superficial; transformamos personas en objetos desechables, reemplazables y consumibles que podemos comprar cuantas veces queramos; rechazamos a la mujer que se da a respetar, aquella que implica más esfuerzo, tiempo, atención y modales pues es mejor la vía rápida y accesible ante el orgullo que nos hace pensar que sólo por existir “nos merecemos lo mejor sin el mayor esfuerzo”.

Como mujeres:

  • Sin afán de generalizar desde mi percepción muchas mujeres han distraído y perdido su camino en búsqueda de la equidad; si bien esta lucha por ser reconocidas y valoradas en la sociedad surge de una necesidad auténtica, una población representativa ha cruzado el punto de convergencia y confundido equidad con igualdad, abandonando atributos de su constitución natural femenina y adoptando una actitud soberbia de desprestigio al hombre que lejos de darle claridad en su rol provoca confusiones y discusiones incluso en su mismo género. La mujer de esta postura extrema adopta atributos del hombre y dejan a éste sin entrada como el complemento natural que puede ser realmente en sus vidas; el hombre ante este esquema ya no encuentra en la mujer un ser único, bello y exquisito sino un nuevo ser más parecido a él que a una mujer misma y ante el cual no sólo las atenciones sobran sino son reemplazadas por el lenguaje y tacto más áspero que existe entre los hombres así como posturas naturales del género como la competencia y agresión. Si a esto le sumamos que el libertinaje y la moda ha prácticamente arrasado con principios y valores como la integridad y la prudencia de muchas mujeres –y hombres-, nos encontramos entonces con la realidad de que pocas mujeres se comportan también con la elegancia y exquisitez que una dama posee y, por muy bonita, culta y moderna que sea, uno como hombre no siente mayor inspiración en tratar como una dama a Miley Cirus o a una mujer que tenga peor lenguaje y modales que uno.
  • Se han conformado con menos. Es una realidad que ante los “nuevos” comportamientos del hombre y la nueva dinámica entre géneros pocas mujeres exigen realmente un trato digno, y en esa lucha interna por ser independientes y firmes han permitido que el hombre las deje de tratar como se merecen. Ya sea por miedo a ser consideradas débiles, o bien falta de autoestima y seguridad, muchas mujeres no se atreven a solicitar atenciones por parte de un caballero, o bien no las reconocen y agradecen cuando éstos las ofrecen. Si bien existen muchos peces en el agua en ocasiones algunas mujeres prefieren “malo conocido que bueno por conocer” y dentro de ese camino ofrecen su corazón y más a quien evidentemente no las valora ni a través de sus pensamientos, mucho menos sus acciones.

¿Qué hacer entonces?

Para que la caballerosidad se desarrolle entonces como sociedad necesitamos no sólo ayudar a los hombres a valorar y respetar desde pequeños la esencia completa de la mujer, sino también como mujeres tener el valor y la firmeza de darse su lugar y de reconocer y premiar las actitudes que hacen de un hombre un caballero. Recordemos que ser caballero no implica una transformación absoluta de la persona ni una preocupación perpetua por proveer y cuidar a una mujer, sino contundencia y claridad en aquellos detalles de cortesía, atención y galantería que demuestran a la mujer que su compañía es un privilegio para uno y que a través de estos gestos honramos y valoramos íntegramente su persona, su capacidad, sus sentimientos y sus sueños. Como bien señaló Sor Juana en su misma Redondilla, no podemos ser incongruentes entre lo que buscamos en una mujer y cómo tratamos a las mujeres como las que convivimos, pues es nuestra responsabilidad  “Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis”

8 comentarios el “Rescatando al Caballero

  1. Excelente entrada de tu blog Rigo!!!! No existe pretexto alguno para no ser caballero… y pues creo que no solamente para con la mujer… si no en general… con los niños, los adultos mayores… Ser caballero en todo sentido.

  2. Cesar Gómez dice:

    Excelente reflexión Rubén y como mencionas que la caballerosidad se enseña e inculca desde el hogar, considero que así mismo se enseña a las niñas a ser todas unas damas y a exigir y buscar que sean tratadas como tal.
    Desde el hogar también debemos inculcar eso en nuestras hijas y como padres enseñar con el ejemplo cómo deben ser tratadas.

    un abrazo….

  3. Liz Zamudio dice:

    Me encantó!
    Toda la razón en el punto de lo que hemos hecho las mujeres (o dejado de hacer)
    Y el primer punto de “como hombres”, nada más cierto!
    Se extrañan a esos caballeros de antaño….

  4. Felipe dice:

    Qué desgracia seguir pensando sobre el género en términos binarios, donde los hombres son de un modo y las mujeres de otro. La negatividad sexual y la ceguera del privilegio masculino no son pretexto para asumir que la sociedad funciona en términos tan simples.

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