¡Basta ya! Agree to Disagree

Uno de los comportamientos más naturales del ser humano es el asociarnos con nuestros semejantes y más en específico con aquellos con los que compartimos particularmente gustos, hobbies o ideologías. Ser simpatizante de algún deporte, actividad o artista o bien creyente de alguna filosofía, religión o dogma, así como apoyar cierta causa son tan sólo algunas de las características que podríamos encontrar en común con alguien y por las cuales podríamos de la noche a la mañana convertirnos en mejores amigos de quien segundos antes era un desconocido.

Y sin embargo aun cuando es natural sentir afinidad y empatía con personas de gustos e intereses afines así como defender éstos, como sociedad desde mi percepción hemos llevado nuestra visión del mundo a extremos cercanos al fanatismo guiados tanto por las modas y tendencias como por nuestra envidia y egoísmo: hoy podemos distinguir claramente aquellos que defienden a la muerte un estilo de vida hipster; a los maratonistas, los que hacemos insanity y los que prefieren el crossfit; los que compran sólo “Mac” y los que prefieren “Android”; los que apoyan el Teletón y los que lo critican con uñas y dientes; los que no se pierden su Starbucks mañanero y los argumentan que lo mejor es lo orgánico y hecho por productores locales; los que prefieren a Messi que a Cristiano Ronaldo, los que quieren convertirte a toda costa y los que no pueden ver a un sacerdote sin pensar en la pederastia; los que defienden los derechos de los animales y los que están hasta el gorro de los activistas; los que aman al Peje, los que no soportan a Peña Nieto, los que apoyan a la selección, los “ódiame más”, los que respetan el Fair Play y por supuesto los que no comen carne, los veganos y los de “la liga de la leche”… vaya que la mercadotecnia funciona pues cuando antes parecía que únicamente podíamos estar en disputa por religión, política y fútbol, hoy podemos encontrar gente argumentando y discutiendo con gran intensidad y empuje si es mejor el Xbox One o el Playstation 4 como si de este argumento fuera a depender nuestra supervivencia como especie.

Si bien y como menciono anteriormente es parte de nuestra naturaleza el asociarnos y también defender nuestros principios y gustos, creo que el factor clave que se ha acentuado en nosotros como sociedad es la intolerancia a aceptar estilos de vida y de pensamiento distintos al nuestro, y la intensidad con la que pasamos de una defensa de ideas a una crítica y ataque lamentable en todo proceso social pues, si en asuntos tan sencillos como algunos de los planteados anteriormente no podemos entablar diálogo tolerante y abierto, mucho menos lo haremos en los asuntos críticos y fundamentales de nuestra convivencia humana. ¿Por qué razones no podemos entonces aceptarnos y entendernos?

Cuando era pequeño conocí y entendí el mundo como una pintura bicolor en donde existía únicamente el bien y el mal, lo “correcto” y lo “incorrecto”… las personas que hacían lo correcto eran “buenas”, y quienes hacían lo contrario eran sencilla y contundentemente “malas”; conforme fui creciendo aprendí en base a experiencias que no siempre aquellas personas que yo consideraba “buenas” hacían lo correcto siempre, asimismo que el “obrar bien” no implicaba necesariamente un beneficio personal, y finalmente que lo que YO consideraba como “bueno” y “malo” no era precisamente igual para alguien más. Un ejemplo de cómo esto marcó mi vida es mi postura ante el uso del alcohol; quienes me conocen de toda la vida saben que desde joven no tomo prácticamente nada de licor, cerveza, vino, etcétera, y aunque realmente hoy en día me es indiferente lo que la gente opine al respecto, existió una etapa en mi vida en la que por esta “postura” fui juzgado y criticado. El efecto de este rechazo evidentemente ante mi necesidad de ser incluido y aceptado generó también en mí aversión a quienes tomaban demasiado alcohol y me molestaban por no hacerlo, con lo cual no sólo definí grupos afines –aquellos que me aceptaban independientemente de si tomaba o no-, sino también “aprendí” a rechazar y criticar a quienes tomaban constantemente.

En una escala diferente y seguramente por motivos, circunstancias e historias diferentes, como sociedad nos encontramos a veces como ese Rubén adolescente que, ante una abrumadora ola de estilos de vida y mensajes comerciales –algunos incluso agresivos- indicándonos “cómo vivir” y “qué es lo correcto e incorrecto” a nivel de pensamientos, estilo de vida e incluso imagen y condición física, nos sentimos saturados y amenazados en nuestra personalidad y creencias y lejos de encontrar las posibilidades y oportunidades que estas nuevas y diferentes tendencias pueden ofrecer, reaccionamos instintivamente de forma poco objetiva rechazando y criticando todo aquello diferente a lo preestablecido. Ya sea por saturación, temor,  o simplemente desinterés, la reprobación y la detracción se convierten en nuestra constante diaria tanto en el plano físico como el virtual.

Si bien ante la gran variedad de posturas y visiones del mundo es difícil mantenernos ecuánimes y encontrar nuestro centro como personas es decir quiénes somos, qué creemos, qué historia o qué principios soportan mis creencias y estilo de vida, el reto mayor que tenemos entonces es dejar a un lado la comparación y la contraposición que las olas externas generan y desde nuestra entereza personal y espiritual, desestimar lo diferente y dedicar esfuerzos en identificar similitudes, aquello que nos une y nos conecta como seres vivos. Si bien es una realidad que desde nuestra historia, experiencia y cultura nuestra formación es distinta y puede ser opuesta en muchos aspectos, es cierto también que en muchos otros nuestra esencia humana converge y a través del desprendimiento y la humildad, podemos identificar puntos de contacto y como lo diría Covey, encontrar la “3ª Alternativa” es decir opciones de convivencia y “puntos medios” entre nuestras visiones distintas de la vida en las cuales podamos encontrar paz, convivencia plena y por tanto crecimiento en conjunto.

Nelson Mandela, Q.E.P.D. fue un líder social y político mundial que en un entorno sumamente complejo y lleno de añejas rivalidades se caracterizó por su lucha y búsqueda de elementos que unificaran un país y un mundo. Hoy pareciera que los mexicanos sólo podemos encontrar en nuestras crisis y desastres naturales esa motivación para “dejar a un lado las diferencias” y reconocer que todos somos humanos y que en esencia buscamos una convivencia sana y próspera, un ambiente de respeto y cordialidad, condiciones positivas para satisfacer nuestras necesidades y lograr nuestros sueños. El mejor camino  para alcanzar nuestra realización personal es realmente conseguir la realización social y de nuestra comunidad, y para ello debemos fortalecer nuestra capacidad de ser tolerantes y buscar identificar y construir acuerdos en lugar de alimentar nuestras divergencias. La capacidad de “estar de acuerdo en estar en desacuerdo” es entonces esa posibilidad de reconocer que con visiones distintas podemos encontrar a través del respeto y el compromiso elementos en común que, sin traicionar quienes somos o perder nuestra identidad e ideales, nos permitan entendernos y seguir adelante.

2 comentarios el “¡Basta ya! Agree to Disagree

  1. A. Cornejo dice:

    “Today you are You, that is truer than true. There is no one alive who is Youer than You.”
    ― Dr. Seuss

  2. […] para coordinar la sociedad y su economía, sino de nuestra fragilidad como seres humanos para 1) realmente entendernos y coordinarnos en vista de un bien común (las garantías humanas y el desarrollo social en un sentido amplio) y 2) no perder nuestra […]

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