Cuando Ganar no es suficiente

Una de las frases que sin duda está tatuada en mi memoria la leí por primera vez cuando mi familia se mudó a Querétaro en 1996; en las paredes de las oficinas deportivas de mi escuela secundaria, el Instituto Queretano San Javier, se podía leer tapizada en la pared una frase que reflejaba de forma clara y contundente una ambiciosa filosofía: “Ganar no es lo más importante… es lo único”. Esta declaración si bien la conocí hasta mis 14 años de edad, no me resultó en lo absoluto un concepto ajeno o extraño pues quienes me conocen desde mi infancia y juventud saben que dentro de muchas virtudes y defectos, una de mis características más sustanciales es que soy sumamente competitivo no sólo para el deporte, sino para muchos otros aspectos en la vida.

La semana pasada este tema captó totalmente mi atención pues mientras jugaba cartas con mi esposa, mis suegros y mis cuñadas, sucedió algo que no es común y es que al llegar a la última ronda del juego, yo ya prácticamente había ganado el mismo y para no perderlo lo único que debía hacer era desechar mis mejores cartas y “dejarme perder” para en la suma, ganar por diferencia de puntos.  Aunque al repartirse las cartas irónicamente recibí una mano buena y con posibilidades de ganar esa última ronda, mi instinto competitivo me guio a ir desechando estas cartas una a una, manteniendo mi estrategia ante la natural sorpresa y bromas que esto generó. Mientras notaba como esta decisión hacía menos emocionante y divertida para mi esta última ronda del juego, pude notar también como otra parte de mí se encontraba satisfecha y hasta orgullosa de mi decisión pues estaba garantizando la victoria; fue en ese momento cuando me di cuenta que aunque todos estábamos sentados con el mismo objetivo que era divertirnos y convivir en familia, para mí el ganar incluso ahí en un escenario ficticio, sin recompensas, rivalidad, historia, o mayor desafío era algo sumamente importante.

Recordando otros aspectos y momentos de mi vida he notado que así como yo, existen muchas personas cuyo deseo por ganar en ocasiones es más o menos intenso que otras y esto nos conlleva no sólo a tener distintos resultados sino a vivir la vida y todo tipo de experiencias deportivas, académicas, lúdicas y profesionales de forma distinta. Analizando mi historia puedo detectar claramente 3 etapas de mi evolución respecto a este tema, mismas que identifico como las 3 razones ¿por qué ganar? en mi vida y que curiosamente se han transformado con mi historia y aportado con su distinta riqueza y relevancia mi concepto actual de “ganar”:

1)      Ganar porque debo hacerlo. Cuando era pequeño realmente no entendía la importancia o la necesidad de ganar y sin embargo, recuerdo con precisión el estricto y férreo seguimiento que mis padres dieron a mi formación académica para motivarme a dar siempre el máximo y buscar ser “el mejor” para así tener “un mejor futuro”. Si bien esta visión me ayudó a sentar bases firmes de compromiso y responsabilidad, debo reconocer que mi nivel de conciencia del ¿por qué ganar? no estaba desarrollado en lo absoluto; ganar en ese entonces era importante porque era lo que mis padres esperaban de mí, y tenía un significado correcto en mi vida porque era lo que me ayudaría a tener mejores posibilidades más adelante. Recuerdo bien a mi mamá diciéndome desde pequeño: “Cuando te gradúes, busca que no seas tú quien busque las mejores universidades donde estudiar, sino que sean ellas las que te busquen a ti”

 

2)      Ganar porque quiero hacerlo. Conforme fui creciendo y conociendo más el mundo fue cada vez más evidente que por más que hiciera mi mejor esfuerzo el ganar no siempre resulta alcanzable, mucho menos ser “el mejor” lo cual resulta no sólo ambicioso sino extraordinariamente lejano y complicado por todos los retos y sacrificios que implica. El enfrentarme a esta cruda realidad y ver personas sobresalientes y con talentos naturales más desarrollados, o bien cuyas circunstancias les favorecían en su camino al éxito me hizo valorar este último y desearlo más ya no por ser algo que otros esperan de mí, o porque sea “mi obligación”, sino por el reto que representa a nivel de carácter, esfuerzo, compromiso y superación de mis límites personales. El ser titular en una selección de futbol campeona en la que seguramente era el menos talentoso tuvo entonces una mayor satisfacción que el tener buenas calificaciones en materias relacionadas al cálculo donde siempre he tenido facilidad, pues el nivel de exigencia y de superación que implicaba cada una era sumamente distinta y esto a su vez, me sirvió de motivación para entonces buscar nuevos retos en otros ámbitos.

 

3)      Ganar por alguien más. Y sin embargo el ganar por una visión personal si bien tiene un gran mérito y conlleva grandes emociones y aprendizajes, sin duda se queda corto en comparación con una victoria trabajada, ofrecida o compartida con alguien más. A lo largo de mis últimos 10 años de vida puedo identificar claramente los logros más satisfactorios de la misma y sin excepción, han sido los mejores porque fueron perseguidos no por mi satisfacción personal sino para brindar una alegría y satisfacción a mis padres, para ser el mejor ejemplo y guía para mis hermanos, para ofrecerlos en honor de quienes ya no están, para ayudar a quien más lo necesita y por supuesto, para compartir sus beneficios con la mujer que amo, mi esposa Chantal. Si bien existen un sinfín de razones por las que uno decide emprender una meta u objetivo, desde mi historia la mayor motivación para superar realmente toda adversidad y por consecuencia lograr el éxito responde en buscar en éste no únicamente mi felicidad sino la de alguien más; recuerdo aquellos momentos de celebración de mi graduación de universidad, de mi defensa de tesis de maestría, de mi boda, mi desarrollo profesional e incluso el término de mi programa de Insanity, y la constante en todos es la presencia de mis seres queridos de forma física y espiritual para compartir, celebrar e impulsar el éxito. Como lo menciona la frase de la película Into the Wild que relata la vida del joven Christopher McCandless: “Happiness is only real, when shared” (“La felicidad es sólo real, cuando es compartida”)

Existen todavía muchas dimensiones a explorar alrededor de este tema pues si bien ganar es comúnmente relacionado a tener éxito profesional, económico, social, deportivo o cultural, realmente el juego de la vida no tiene una única forma de resultar vencedor y ciertamente cada quien decide su estilo y la intensidad con la que busca la victoria; algunas de mis reflexiones finales al tema, con fines de retomarlas algún momento futuro, son las siguientes:

  • En un mundo actual lleno de desafíos de todo tipo, debe existir un sano balance entre el desarrollar un espíritu competitivo y el poder disfrutar de forma sana la vida más allá de sus resultados.
  • En el juego de la vida, es igual de importante el logro de los objetivos como los medios que se utilizaron para llegar a los mismos y la actitud ante el resultado. Existen aquellos que buscan ganar a toda costa pasando por encima de los demás, y muchos más que logran mayor enriquecimiento y aprendizaje en la derrota que en la victoria misma. Es tan importante saber ganar como saber perder.
  • La verdadera derrota no viene del fracaso, sino del desperdiciar las lecciones que éste nos brinda. La verdadera victoria no viene encerrada en un evento, una meta o una fecha, sino en un estilo de vida; como dice el personaje Dicky Fox en una de mis películas favoritas Jerry Maguire: “Hey, I don’t have all the answers. In life, to be honest, I failed as much as I have succeeded. But I love my wife. I love my life. And I wish you my kind of success”. (“Hey, no tengo todas las respuestas; para ser honesto, en la vida he fracasado tanto como he logrado ser exitoso. Pero amo a mi esposa y amo mi vida, y te deseo mi tipo de éxito.”)

3 comentarios el “Cuando Ganar no es suficiente

  1. […] que a la larga sería clave para desarrollar mi pasión y mi “habilidad” en el fútbol soccer (de ahí la frase “Ganar no es lo más importante…”). A nivel personal no está de más afirmar que como familia y ante la adversidad, esta experiencia […]

  2. […] todo nuestro tiempo en asegurarnos que nadie sea mejor que nosotros, perdiendo de vista que ganar no siempre es suficiente para ser felices, que en la vida cada quien tiene distintos puntos de partida y metas en función de sus […]

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