Algo en que creer

Todos nosotros en algún momento de nuestra vida creímos en algo: ya sea en los personajes fascinantes que nos visitaban de niños dejando regalos, huevos de pascua o cambiando dientes por dinero, o bien en algún equipo deportivo, artista o grupo musical para nosotros “el mejor de todos los tiempos”, así como en algún líder ajeno o también familiar al que seguíamos ciegamente; lo cierto es que alguna vez defendimos una persona, idea o ilusión desde lo más profundo de nuestros corazones.

Y sin embargo a lo largo de nuestra vida los años de experiencia y la cada vez más dura realidad nos han llenado de desilusiones, frustraciones y derrotas que nos han transformado y en muchos casos convencido que en este mundo una gran cantidad de cosas son pasajeras, que nada ni nadie es infalible o incorruptible y que en un mundo de injusticia e inequidad, los sueños y nuestros ideales muchas veces son solo eso: visiones etéreas, utópicas y poco terrenales, y no existen muchas razones para realmente seguir creyendo en ellos y en quienes los promueven.

Cuando tenía 13 años mi artista favorito era Jon Bon Jovi y mi máximo regalo de cumpleaños fue el casette llamado “These Days” lanzado en 1995 el cual contenía una de mis canciones favoritas, “Something to believe in” o “Algo en que creer”. Como todo niño pre adolescente pasaba continuas horas de mi día escuchando dicho casette en mis ya prehispánicos Walkman, y cantaba todas y cada una de las canciones del mismo sin entender realmente ni qué decía ni cómo pronunciarlo correctamente. Por si no habías escuchado o analizado antes la letra de “Something to believe in”, te comparto algunas de las frases más relevantes de la misma:

I lost all faith in my God, in his religion too

He perdido toda fe en mi Dios, y en su religión también

I lost all trust in my friends

He perdido la confianza en mis amigos

I watched life criticize the truth

He visto como la vida critica y desaprueba la verdad

Been waiting for a miracle, I know you have too

He esperado por un milagro, y sé que tú también

In a world that gives you nothing, we need something to believe in

En un mundo que no te da nada, necesitamos algo en que creer

La visión del mundo que Bon Jovi plantea a través de esta canción creo es muy similar a los comentarios y expresiones que puedo escuchar hoy en día en la gente tanto de forma verbal como en redes sociales; hoy en día existe no sólo una crisis de credibilidad en muchas instituciones y organizaciones (como la iglesia, el matrimonio, la política, los colegios), sino también de una fe auténtica en las personas mismas y esto se traduce en la intolerancia, negatividad, el egoísmo, la apatía y las diversas formas de discriminación que vivimos actualmente; tal pareciera que las decepciones sociales, políticas, económicas, religiosas y hasta deportivas que hemos tenido como país nos han convencido de que en la realidad ese maestro, artista, doctor, sacerdote, político o amigo que algún momento visualizamos como “perfecto” no es realmente lo que nosotros creíamos que era, y por lo tanto seguir sus enseñanzas y lecciones no tiene sentido alguno pues al no tener credibilidad la persona, tampoco lo tiene el dogma.

Y es en este punto donde creo es preciso hacer una pausa y romper el discurso que escuchamos toda la vida como niños para empezar a reflexionar como adultos: ¿Acaso realmente existe el Ratón o el Hada de los Dientes? ¿Acaso realmente podemos creer que nuestros padres iban a ser las personas perfectas que pensábamos que eran? ¿Existe acaso alguna organización o asociación humana en la cual no estén presentes actos o comportamientos egoístas, de envidia, incongruencia o corrupción? Si bien como humanista reconozco que toda persona tiene un potencial intrínseco de desarrollo, debemos entender que también tenemos limitantes, debilidades y áreas de oportunidad tanto internas como externas con las que continuamente peleamos y por las cuales vivimos en un constante flujo o dinamismo de ganar, perder y recuperar estabilidad y crecimiento como personas. Es entonces en ese contexto y entendimiento maduro donde quizá debamos abrirnos a la posibilidad de entender que esta incongruencia entre nuestras creencias vs la realidad no es algo malo sino parte natural y fundamental de nuestra esencia humana.

De ninguna forma pretendo minimizar la frustración o decepción que implica el ver destruida o sincerada una realidad que creíamos de una forma muy distinta, sin embargo creo que como personas adultas nuestra obligación es mucho más allá que quedarnos en el simple berrinche improductivo de detectar, criticar y señalar las incongruencias que puedan tener instituciones religiosas como la iglesia católica, sociales como los activistas de Green Peace, éticas como los manejos políticas del mundo actual, o bien simplemente la filosofía de vida de una persona vegetariana o protectora de animales. Como personas conscientes debemos aprender a separar sueños de hechos, dogmas de instituciones, e ideales de personas para así pasar de la comodidad de criticar desde nuestro pedestal los errores de los demás, a un ejercicio de auténtico esfuerzo y compromiso donde cuestionemos nuestra formación y los fundamentos reales de cada filosofía de vida para validar con cuáles nos identificamos más y entonces sí, seguirlos no sólo de voz sino a través de mis actos, y estar dispuestos a defenderlos ante viento y marea de todo ataque.

Pero a todo esto, ¿por qué es relevante hacer esto? Vaya, ¿qué tiene de malo o en qué nos afecta no creer en nada, o creer en lo que me convenga según las circunstancias? En lo personal creo que el identificar, reconocer y defender nuestras creencias tiene mucho impacto positivo:

  • Autoconocimiento, Identidad y Autoestima: al reflexionar sobre nuestras creencias y cuestionar qué valores, códigos y normas de nuestra formación y experiencia aceptamos y rechazamos estamos llevando a cabo un proceso natural de introspección y por lo tanto generando un conocimiento más consciente de nuestra personalidad, lo que somos y lo que nos motiva. En medida de que ese entendimiento propio crezca es como podremos posteriormente reconocernos como individuos y aceptarnos en armonía.

 

  • Dirección: Alicia le preguntó al Gato de Cheshire tímidamente “¿Me podrías decir qué camino debo tomar?” A lo que el gato respondió “Eso depende de a dónde quieras ir tú”. Alicia afirmó “Eso no importa mucho…” Y el gato concluyó “Entonces realmente no importa el camino que escojas”. Nuestras creencias, dogmas y filosofía de vida son esa luz del faro que vemos en el horizonte de nuestro camino y nos guía hacia lo que nosotros creemos es el mejor destino. Si bien es un hecho que nuestra realidad terrenal, humana y perfectible nos hace alejarnos en repetidas ocasiones de ese camino, el contar con ellos representa una gran fortaleza y da sentido a nuestra vida pues como dice Victor Frankl en su libro El Hombre en busca del sentido, “No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida”

 

  • Convivencia Sana como sociedad: la intolerancia y el rechazo que tenemos ante formas distintas de pensar surge en parte importante de los miedos y la inseguridad que tenemos como personas en relación a nuestras propias creencias y nuestra realización personal; en medida que nos reafirmemos en nuestras creencias dejaremos de sentirnos amenazados por los estilos y dogmas de los demás, y con el tiempo podremos incluso abrirnos a la posibilidad de encontrar convergencias entre las ideas propias y ajenas para así sentar bases de una convivencia más tolerante y saludable.

En este mundo en el cual existen sin duda muchos retos y deficiencias de todo tipo, no basta con personas que clarifiquemos y definamos de forma aislada nuestras creencias, principios y valores. Una fe sin acciones es, sencillamente, una fe muerta y para transformar nuestra realidad de forma activa debemos empezar devolviendo la fe a aquellas personas que dejaron de creer en nosotros, nuestros ideales o el de las instituciones a los que seguimos. El predicar no sólo a través de nuestras palabras sino principalmente a través de nuestros actos y ser un testimonio vivo es precisamente la oportunidad dorada de tomar la estafeta tirada por aquellas personas que alguna vez nos decepcionaron y servir entonces ahora de ejemplo de nuestros principios y valores a nuevas generaciones pues, independientemente del contexto actual como bien dice Bon Jovi, “en un mundo que no te da nada, necesitamos algo en qué creer”

La crisis de mis 30’s

Para muchas personas cumplir años representa un logro y una alegría, para otros una bendición y un regalo, mientras que para algunos es simplemente un pretexto perfecto para festejar los logros o bien, ahogar las penas. Dependiendo del momento de vida y las circunstancias de cada quien, un cumpleaños representa también un ciclo ya sea como primer año siendo padres, el último de solteros o universitarios, el 5º de casado o bien, el décimo desde que perdió a un ser querido. En lo personal y aunque desconozco completamente en qué momento o de qué forma me programaron –o me programé- así, el cumplir años para mí más que un momento de felicidad y festejos, es una etapa de reflexión que lejos de ofrecer respuestas de mi vida, levanta constantemente viejas preguntas como ¿Quién eres? ¿En dónde estás? Y por supuesto, ¿ahora para dónde vas? Recuerdo perfectamente que hace un año a 1 semana de cumplir mis primeros treinta años de vida, esta etapa me generó mucha angustia y nerviosismo pues más allá de la tristeza natural de subir al tercer piso y saber con certeza que ya todos los niños me llamaban “señor”, dentro de mi existía un temor de llegar a esa dura evaluación y reconocer que quizá no llegaba a mis 30’s como lo imaginé hace 5, 10 ó 15 años. Aunque no soy una persona acostumbrada a vivir del hubiera, forzosamente el recapitular mi vida representa recordar y en ocasiones revivir momentos clave en los que quizá, tomé un rumbo que me ha alejado hoy en día de ciertos objetivos personales.

Ante semejante momento de la verdad y con la obligación que implica ser una persona consciente de esta oportunidad de crecimiento, no tuve más remedio que enfrentar las preguntas clave una por una y atacando cada una de las áreas que considero más representativas en mi vida. A continuación les comparto el sencillo modelo que si bien no inventé yo, a la fecha me resulta muy práctico para enfrentar esta interesante tarea:

 

1. Preguntarme quién soy. Entender quién soy para mi significa sencillamente tener clara mi identidad y con ello mis ideas, principios, conductas y sobre todo anhelos. Reconocer mi pasado es decir mis raíces y mi formación, pero también entender cómo mi experiencia ha transformado esa esencia y me ha conformado en un ser único y diferente. Definir cuáles son los principios, ideales, valores y creencias con las que veo y entiendo el mundo pero también, saber cuáles son mis posibilidades y limitaciones personales, entender mis sentimientos, mis motivaciones, mis necesidades y también mi misión u objetivo de vida. Si bien esta actividad pareciera sencilla y a la vez “redundante” de revisar cada año, he descubierto con el tiempo que conforme suceden eventos críticos en mi vida he aprendido a ser más abierto a nuevas formas de pensar en algunos sentidos, mientras que en otros me he reafirmado al 200%. El revisar nuevamente cuáles son las prioridades más importantes de mi vida, cómo concibo la misma y cómo quiero jugarla me da el soporte y me ratifica como persona íntegramente, no sólo a nivel personal sino entendiendo por qué a lo largo de mi vida he tomado las decisiones que he tomado y cómo sus consecuencias y aprendizajes las he ido integrando.

 

2. Preguntarme en dónde me encuentro. Una vez que tengo claro quién soy y qué es lo que creo es preciso revisar si mi condición actual refleja y es congruente con esa definición de mi persona, objetivos y metas. Hacer un sincero cuestionamiento y crítica a mis comportamientos y actos es precisamente analizar con fines constructivos si mi realidad actual refleja y es congruente con la definición verbal y el planteamiento que hago de mi persona, objetivos y metas. Puedo yo ser una persona que dice que lo más importante en mi vida es mi familia, pero… ¿continuamente le dedico tiempo en cantidad y calidad, más que a mi vida profesional? Puedo predicar que soy creyente o practicante de cierta religión, pero ¿realmente la sigo, la defiendo y la predico? En lo personal algo que me ha ayudado a hacer este análisis es dividirlo por áreas de la siguiente forma, desglosando a detalle y comparando mi condición ideal y mi realidad:

 

  • Física – el cuidado de mi cuerpo tanto de mi alimentación como su condición e higiene, así como el control y cuidado de mis vicios, lesiones y enfermedades.
  • Emocional – el cuidado de mis relaciones afectivas con mis compañeros, amigos, mi familia y sobre todo, mi pareja.
  • Intelectual – el uso de mi tiempo de forma equilibrada tanto para actividades lúdicas y que me relajen, como en mi formación y cultura, mi preparación para ser mejor profesionista y sobre todo, persona.
  • Espiritual y Trascendental – mi trabajo continuo para, independientemente de mis creencias, cultivar y purificar mi espíritu en un balance positivo que me permita realizarme en vida y encontrar un equilibrio o santidad.

 

3. Definir las acciones que realizaré para acercarme a mi destino. Lo importante en este sentido es que partiendo de la claridad de saber quién soy, qué busco y qué tan cerca o lejos me encuentro de ello, puedo definir prioridades para enfocar mis esfuerzos y así buscar acciones concretas, rápidamente accionables y sobre todo alcanzables que me permitan detonar un cambio en mi vida y empezar una dinámica positiva hacia mi felicidad. ¿Soy presa de un vicio o no puedo cerrar un proceso personal? Existen muchos expertos que me pueden asesorar y acompañar en un proceso de mejora. ¿No he tenido el desarrollo profesional deseado? Puedo a partir de mañana valuar alternativas para aprender más, mejorar mi perfil curricular y buscar nuevos retos y opciones de crecimiento. ¿He perdido la fe o la esperanza en la sociedad o el amor? Puedo evaluar mis experiencias del pasado, trabajar con mis paradigmas y trabajar más intensamente en un balance espiritual en mi vida.

Realmente y siendo muy honestos en nuestra vida diaria vivimos una gran cantidad de procesos de evaluación y mejora de desempeño de todo tipo: ya sea laboral, académico, incluso exámenes médicos o de hacienda para evaluar nuestras finanzas y obtener mejor status, condiciones de vida, desarrollo profesional y mejores ingresos; ¿por qué no preocuparnos como dice una buena amiga, en no sólo triplicar nuestro negocio sino triplicarnos como personas? Si bien este proceso es sumamente sencillo y definitivamente puede ser más completo, creo que es lo suficientemente práctico y aplicable como base para iniciar un proceso continuo de desarrollo y en lo personal,  me ha ayudado también a dejar de enfocarme en mis errores o fracasos del pasado y me ha permitido detonar acciones que me acerquen a mis metas independientemente de qué tan lejos o cerca esté de ellas.

Hoy en día estoy convencido que la crisis existencial y personal que viví yo hace un año no es exclusiva sino algo presente en la vida de todo ser humano independientemente de las edades pues además, es una realidad que la vida constantemente nos presenta circunstancias y condiciones inesperadas que nos sacuden de ese balance que tanto cuesta lograr y por lo tanto, es necesario estar preparados y en esos momentos darnos la oportunidad de pausar y analizar nuestra vida desde distintas perspectivas. Al final del día, en el silencio y la soledad de nuestras almohadas, cada uno de nosotros sabe qué demonios y qué temores nos acechan día con día y qué mejor que evitar ser presa de ellos tomando el timón de nuestras vidas y trabajando de forma proactiva y no reactiva con nosotros mismos. Hoy, a un año de que definitivamente reprobé mi examen personal y tuve que emprender acciones concretas de mejora, puedo dormir tranquilo “sin estudiar” los próximos 6 días pues llegaré en gran condición física después de terminar mi programa de Insanity, con mucha satisfacción de cumplir 6 meses con este blog, y la tranquilidad espiritual y afectiva de tener una fe fortalecida como nunca antes y la mejor compañía de mi familia y mi esposa a ya 5 años de casado. ¿Y tú, qué estás esperando para enfrentar tu crisis?