¡Y con ese pecado lo hicieron Papa!

Sin lugar a dudas a lo largo de tu vida y la mía hemos tenido una gran cantidad de aciertos pero también -aunque a veces nos cueste aceptarlos- cometido errores y equivocaciones cuyas consecuencias han afectado no sólo nuestra vida sino la de quienes nos rodean. Si bien es cierto que “el tiempo cura todas las heridas”, existen llagas físicas y emocionales tan profundas que si no las tratamos o atendemos pueden tardar toda una vida en ser reparadas o incluso, degradar a una pérdida total.

Desde pequeños aprendemos que cuando cometemos un error o mejor dicho, hacemos algo “incorrecto”, debemos pedir perdón. Yo no soy teólogo o filósofo pero me queda claro que todos tenemos, en mayor o menor medida, noción del “bien y el mal” y ya sea por un fuerte sentido moral o ético o simple instinto de supervivencia y la famosa ley de Talión (ojo por ojo, diente por diente), como seres humanos entendemos el dolor que genera en otra persona actos como una mentira, un engaño, una ofensa, una agresión, una falta a la confianza, una burla, crítica, envidias e incluso, la indiferencia. Y todos, sin excepción, alguna vez los hemos cometido.

El primer hecho de mi vida que claramente recuerdo con arrepentimiento fue la crítica que le hice cuando éramos todavía muy pequeños a un gran amigo mío en el colegio donde estudiaba en Veracruz: en medio de la clase lo critiqué frente a todo el grupo porque según mi opinión, no sabía leer bien. Desde esa pequeña e inocente burla a los 10 años y hasta este 2013 en donde cumpliré 31 puedo recordar una gran cantidad de acciones incorrectas que voluntaria e involuntariamente, he cometido desde ofensas, insultos y mentiras a mis padres; abusos, burlas y agresiones a mis hermanos y amigos; críticas y desprecio a los que son diferentes a mí; rencores e indiferencia a mis ofensores. He hecho promesas que no he cumplido, he envidiado y juzgado a mucha gente, he tomado decisiones injustas, egoístas e interesadas, y defraudé en mi inmadura juventud a alguno que otro corazón.

Si existe alguna regla que desde pequeño escuché es que “el hubiera no existe” y si bien estoy de acuerdo en que uno no debe estancarse y perderse en las zonas grises y trágicas del pasado, creo que sí vale la pena recordarlo y sobre todo sus errores no sólo para aprender la lección que siempre encierran, sino para también reconocer, al tiempo y a la distancia, cuando no hemos cerrado la pinza del perdón por el daño cometido.  Reflexionar del perdón sin embargo no es algo que deba hacerse en una sola dimensión es decir en relación a quienes hemos ofendido, sino también analizando quienes nos han maltratado y no hemos podido perdonar todavía. Si queremos realmente cerrar los ciclos del pasado y emprender un sano desarrollo, necesitamos avanzar en ambas perspectivas partiendo de algunos puntos clave de ambas:

  • Perdonar

En mi experiencia he identificado 4 razones por las cuales nos resulta sumamente complicado perdonar a alguien: 1) Cuando no vemos arrepentimiento en su comportamiento, 2) Cuando el daño que nos hizo es muy profundo, 3) Cuando hubo un intercambio de agresiones y no queremos o podemos reconocer nuestra parte de culpa y 4) Cuando la ofensa no es a nosotros sino a un ser muy querido.  Desde mi opinión es posible vencer estas razones y superar el orgullo o rencor que nos impide perdonar, pero para lograrlo deberemos hacer un esfuerzo tanto cognitivo como emocional y espiritual, así como entender profundamente lo que realmente implica perdonar.  En mi pasado como seguramente también en el tuyo hemos sido víctimas de agresiones físicas y emocionales y si bien en algunas ocasiones nuestros ofensores se acercaron buscando reconciliación, en muchas otras su rechazo, agresión y crítica simplemente persiste hoy en día. ¿Cómo perdonar entonces a quien ni siquiera reconoce su falta? A veces y porque así quizás nos lo enseñaron asumimos implícitamente que para otorgar perdón necesitamos que la otra persona lo pida; esto evidentemente es incorrecto pues el acto de perdonar es un acto individual que no nace de ver arrepentimiento en los otros sino de encontrar dentro de nosotros la paz que nos permita renunciar al resentimiento, indignación u odio derivado de las ofensas de otros. Perdonar implica entonces reconocer que las ofensas de otros no son mayores a nuestra propia autoestima y potencial, y podemos salir adelante de las mismas por graves que sean; perdonar implica enriquecer virtudes como la misericordia para entender también que aquellos que nos ofendieron no necesariamente tuvieron en su vida o el momento de la ofensa la conciencia del acto o bien los recursos emocionales para expresarse y satisfacer sus necesidades de otras formas; perdonar implica ser humildes para aceptar que nosotros también cometemos errores y que quizá también tuvimos complicidad en el devenir de los actos. Perdonar sí, perdonar es olvidar.

  • Pedir perdón

Aquel que diga que es más fácil pedir perdón que pedir permiso sin duda no ha cometido todavía algo grave en su vida; quizás aún más difícil que perdonar al prójimo es abatir nuestro orgullo y superar nuestra vergüenza para reconocer entera y abiertamente que hemos obrado mal. Para pedir perdón necesariamente tenemos que empezar perdonándonos a nosotros mismos por los errores que hemos cometido, es decir aceptar nuestras limitaciones, debilidades e inestabilidades y tener además la enorme valentía de aceptar sus consecuencias. Me vienen rápidamente a la mente recuerdos de amistades y seres queridos de los que me he distanciado por conflictos mal manejados, falta de comunicación y malos entendidos que no tuve el tacto para manejar correctamente. Si bien y con mucho esfuerzo logré dejar a un lado mi soberbia y pedido perdón por mis errores, una gran enseñanza que estas experiencias me han dejado es que por más arrepentido que estés de tus actos debes asumir la responsabilidad de los mismos y con ello también el riesgo de que la otra persona no te quiera o pueda perdonar. Es triste pero cierto y quizás algunos de mis más amargos momentos los he pasado lamentando esas pérdidas. La lección entonces en relación al perdón es que no puedes hacerte responsable de todo el ciclo del mismo sino únicamente de tu parte sea cual ésta sea, pero es a través de una vivencia consciente, noble y humilde que independientemente de los desenlaces encontramos la paz de haber perdonado, o haber pedido perdón.

La vida da muchas sorpresas y las segundas oportunidades sin lugar a duda existen por lo que creo firmemente que el hombre debe siempre defender la vida pues en ella existe siempre la maravillosa capacidad de redención. Es preciso hacer un llamado a nuestra consciencia y reflexionar acerca del perdón pues si nos enfocamos en corregir nuestros errores más que en criticar los de los demás seguramente construiremos mejores relaciones desde nuestro núcleo y así también en nuestra sociedad; no podemos olvidar finalmente que el perdón aunque es un acto ejecutado por el hombre, es un acto de Dios. Citando al personaje Ron Franz en la película Into the Wild, “cuando tu perdonas amas, y cuando tú amas, la luz de Dios brilla a través de ti”. No subestimemos nunca entonces el perdón que ennoblece tanto a quien lo pide como quien lo otorga, ni olvidemos el ejemplo que diera en reciente viaje a Brasil el Papa Francisco cuando afirmó: “Cuando el Señor perdona, olvida; muchas veces pienso en San Pedro que hizo de los peores pecados, renegar de Cristo. ¡Y con ese pecado lo hicieron Papa!”

8 comentarios el “¡Y con ese pecado lo hicieron Papa!

  1. Paul Massieu Arvizu dice:

    Like!!
    Mi amigo, te dejo 2 palabras para la reflexión:
    – La primera que es más de forma pero que me parece que va muy alineado a esto que hablas sobre tomar la responsabilidad personal de nuestros actos y respetar la libertad (y la dignidad del otro) de perdonar o no, en donde el acto entonces no sería entonces el de “pedir perdón” sino de “ofrecer disculpas”. En este sentido, algo que me gusta del concepto es la manera en la que después de ofender a alguien (quitarle algo, si es que resulta válida la figura), lo que genera balance no es pedirle que se desprenda de algo más, sino ofrecerle algo a cambio: Nuestra sincera disculpa.
    – Pero la siguiente es todavía más atrevida, y aunque pudiera resultar incluso contradictoria a mi punto anterior, lo comparto con el fin de aportar una óptica diferente desde el marco sistémico. Hace un par de días veía una caricatura en la que una persona se inclinaba frente a otra pidiendo disculpas mientras que se citaba un dicho de Bert Hellinger donde hablaba sobre como el Perdón le “resta” dignidad al otro porque pone -al que perdona- en una posición de falsa superioridad. Esto, junto con alguna cita que alguna vez escuche de un clérigo del medievo (Eckhart, me parece) que decía que “si la única oración que dijeras en tu vida fuera Gracias, con eso sería bastante”, con la que cada vez que la recuerdo, me mueve a olvidarme de la necesidad de Perdonar (que no la de ofrecer disculpas), para ver con una mirada de gratitud al otro por lo que con su ofensa/”agravio” ha posibilitado o posibilitará en mi vida -o en mi entorno- a posteriori. Puede sonar muy “zen”, pero aquellas veces que lo he logrado, en verdad que abro los ojos a un sin fin de nuevas posibilidades de vida. ¿Qué opinas?

    • ¡Gracias por sus comentarios! Mi estimado Paul, me gusta esa forma de ver las experiencias más que como ofensas o agresiones, como “oportunidades” que los otros me brindan para seguir mi desarrollo; creo que en efecto es necesario tener un equilibrio emocional para dar nuevo significado al pasado, sin embargo es un esfuerzo y lucha constante. Un último comentario: desde mi perspectiva pedir perdón en ningún momento te hace inferior, sino todo lo contrario eleva tu calidad humana pues precisamente demuestra tu capacidad de reconocer tus errores y ofrecer una disculpa auténtica. Un abrazo

  2. Carlos Vargas dice:

    Muy interesante, como bien dices, en nuestra sociedad faltan muchos perdones por pedir y muchos por otorgar sin que sean pedidos y también son un lastre que cargamos silenciosamente. Pues a ver si con todos tus pecados a ti te hacen papá ja ja, excelente texto.

  3. Chantal dice:

    Me gusta mucho como estas palabras reflejan precisamente la necesidad natural que tiene el ser humano de la paz y el desprendimiento, inclusive de los hechos recurrentes en la mente que no permiten el desarrollo personal. Me encanta darme cuenta como el perdón es un gran medio para ello. Complementando lo que escribes, yo no diría que perdonar es olvidar, sino recordar sin rencores verdaderamente. Excelente artículo!

  4. Paul Massieu Arvizu dice:

    ¡Cierto! Tampoco creo que pedir perdón te haga inferior. Al contrario. Lo que expresaba era, por un lado, que en lugar de pedir algo -perdón en este caso- se ofreciera algo -una disculpa-. Ahora, en cualquier caso, reitero el hecho de reconocer un error, disculparse, compensar, etc, en ningún momento creo que te haga inferior.

    Por otro lado, sólo introducía esto de que el que perdona, puede estarse poniendo en una posición de superioridad o una relación “dispar” con el otro (y de ahí cosas como el “quién soy yo para juzgarte/perdonarte”), mientras que el que agradece (y con ello, aprende, toma, incorpora, resignifica, comprende, valora, etc…) trasciende tal vez el agravio mismo y con ello la necesidad de “perdonar”. Pero vaya, del dicho al hecho…

    Gracias por el post y por lo que genera en la conversación.

    Un abrazo!

  5. Tristan Bravo dice:

    Es muy real y cotidiano el que pasen cosas que se necesite perdonar o que te perdonen. Sea cual sea duele mucho cuando pasa. Y aunque perdones o te perdonen siempre es doloroso. Tanti que hay cosas que duran años. Perdonar es amar. Pero si es así porque duele tanto. El amor incluye también dolor? No es tan perfecto como uno se imagina. Personalmente no se porque si hay tanto amor porque hay tanto dolor a veces para llegar a él. Son cosas que me gustaría que me respondieran. Al igual que el perdón que es parte del amor, porque hay tantas enfermedades a personas que amamos y sufrimos ante eso. No lo sé pero el amor es una definición que a veces no logro entender aunque algunas veces lo encontremos a través del perdón.

  6. […] en mi vida y empezar una dinámica positiva hacia mi felicidad. ¿Soy presa de un vicio o no puedo cerrar un proceso personal? Existen muchos expertos que me pueden asesorar y acompañar en un proceso de mejora. ¿No he […]

  7. […] Cuando los juegos olímpicos iniciaron en Grecia hace más de 2800 años tenían muchas particularidades distintas a la actualidad como el hecho de que tenían menos eventos, se celebraban siempre en Grecia y sólo hombres que además hablaran griego podían participar. Varias de estas condiciones sin lugar a dudas excluyentes contrastaban con una regla fundamental a la cual se le llamaba Tregua Olímpica y que dictaba que mientras se celebraban los Juegos, todos los conflictos y hostilidades entre las ciudades que participaban se posponían hasta la terminación de los mismos. El día de hoy esta regla tristemente ya no es vigente, sin embargo vale la pena reflexionar si como personas necesitamos realmente un acuerdo escrito o una declaración oficial para hacer cambios en nuestra vida, retomar principios de justicia y convivencia social, o hacer una tregua eterna con nuestros enemigos y detractores. […]

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