Más allá de la sangre

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada en 1948, la familia es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad humana. Como base de la sociedad por tanto, el estado tiene la obligación de protegerla y velar por su integridad sin embargo, esa responsabilidad realmente está más allá de sus manos y curiosamente, en las nuestras. Independientemente de qué país seamos, qué credo sigamos o qué tan cerca estemos de nuestros padres, primos, tíos o hermanos, todos tenemos una familia de la cual formamos parte, de la cual surgimos y en la que continuaremos una descendencia.

Sin embargo a pesar de ser algo natural no es fácil formar parte, mucho menos velar por la unión de una familia. Si bien los lazos sanguíneos determinan que todos los integrantes de una familia compartamos características y atributos físicos, intelectuales y conductuales, en casi toda familia podemos encontrar una gran mezcla de personalidades, ideologías y vocaciones que hacen de cada una un auténtico confeti del cual nos guste o no, somos parte y con el cual estaremos conectados hasta el último día de nuestras vidas.

Siendo una persona con una familia sanguínea pequeña al menos en cantidad (2 hermanos, 7 tíos, y apenas de 10 primos) y teniendo a la mayoría de ésta a la distancia, siempre me ha resultado interesante analizar la dinámica de otras familias, sus tradiciones, personalidades y valores. A lo largo de los años he aprendido que existen familias cuya ubicación tan distante irónicamente robustece sus lazos, así como otras que estando tan cerca no se soportan y se agreden entre sí; he descubierto en amigos, padrinos y colegas que los vínculos de afinidad pueden ser en muchas ocasiones más fuertes que los de consanguinidad; he disfrutado y participado de la solidaridad y apoyo desinteresado entre familiares, pero también he sufrido lastimosamente del desprecio y la indiferencia en un mismo seno. Todo este ir y venir me hace cuestionarme ¿Cuáles son los elementos que definen entonces la fuerza y la solidez de una familia? ¿Qué comportamientos o aprendizajes individuales favorecen o desfavorecen el logro de un auténtico núcleo familiar? A continuación les comparto algunas de mis principales conclusiones:

El ejemplo arrastra. Los últimos 15 días tuve la fortuna de convivir con mi familia extendida, los tíos y primos de mi esposa en el norte del país. Familia de 9 hermanos huérfanos de padre a todavía corta edad, mi suegro y sus hermanos tuvieron una guía y modelo claro por parte de su madre para afrontar la vida y sus retos siempre juntos, asumiendo distintos roles y responsabilidades según su edad y posibilidades. Hoy en día es sumamente grato apreciar como sus hijos -casi más de 20 primos-  con sus diferentes personalidades, estilo y costumbres mantienen un estrecho lazo de unión, colaboración, interés el uno por el otro y la chispa de alegría y calidez que se puede palpar en sus padres. Esto no quiere decir sin embargo que nuestros modelos determinan inequívocamente nuestro futuro, pero debemos estar conscientes que su influencia es muy grande y entender por tanto que como tratemos a nuestros hermanos y padres es la forma en la que indirectamente estamos enseñando a nuestros hijos a tratar a sus hermanos y a nosotros mismos.

La familia como uno. En aquellas lamentables experiencias que he presenciado de separación e indiferencia entre familias, la constante que encuentro es que la visión y concepción de familia se pierde y destruye ante la visión egoísta del individualismo. De manera similar al matrimonio, si la visión del “yo” está por encima del “nosotros” las disputas por fama, dinero, poder y ego pueden vencer incluso el más grande de los ejemplos y modelos. Nelson Mandela, ex Presidente de Sudáfrica y uno de los más grandes líderes revolucionarios y políticos del siglo XX, fue sin duda guía para lograr la unión de un país separado por la inequidad, el racismo y la pobreza; su vida y su obra demuestran un profundo interés por la igualdad, el respeto y la tolerancia entre los individuos. Ese ejemplo de vida sin embargo, no es suficiente hoy en día para superar la ambición y egoísmo de sus hijos y nietos, quienes estando todavía Madiba (Mandela) con vida, luchan en tribunales para definir el lugar donde éste será enterrado a su muerte y así obtener los derechos de manejo de su imagen y los ingresos turísticos que tendrá dicho sitio. Para encontrar ejemplos como éste desgraciadamente no hace falta ver muy lejos, pues las disputas familiares por propiedades y bienes están a la orden del día y son ejemplo contundente de que una familia puede ser destruida si sus decisiones se basan en el egoísmo y no en el amor y el bien común, en un auténtico sentido de familia.

Visión social del individuo y la familia. El último elemento que define la realidad de las familias hoy en día tiene más que ver con nuestra realidad como individuos que con la familia misma, y lo señala bien Enrique Rojas en “El hombre light”. La sociedad de hoy en día vive una realidad en la que la tecnología, los medios de comunicación y la globalización promueven una vida permisiva y relativista en la cual “todo se vale” y los valores tradicionales como la castidad, la prudencia y la moderación “restringen la felicidad del hombre” y por lo tanto invitan al libertinaje, materialismo y hedonismo. Si la familia como base se conforma de individuos deshumanizados, víctimas de la moda y la visión consumista en la que todo es desechable, incluso las relaciones humanas, entonces los lazos de fraternidad en todo nivel –padres, hermanos, pareja y amigos- se vuelven un objeto más con el cual uno puede jugar, desechar y manipular a su antojo.  Si bien como personas debemos respetar y ser tolerantes con todo tipo de pensamiento, debemos aprender a discernir de cuáles contribuyen al desarrollo a largo plazo de nuestra sociedad, y poner límites que nos permitan construir bases en nuestra familia más allá de nuestros estímulos e impulsos.

El tema es amplio y sin duda existen muchos elementos más que determinan la unión y solidez de una familia, sin embargo lo más importante es que como personas analicemos y cuestionemos no sólo la realidad social de la humanidad y lo que otros han hecho para robustecer o dañar nuestra familia, sino también qué hemos hecho o dejado de hacer para que ésta se encuentre en la situación en la que está. Partiendo del respeto y la tolerancia a las diversas formas de pensar y de actuar, creo que el esfuerzo por superar los problemas y empezar a construir relaciones más sanas y positivas en nuestros seres queridos no es sólo un asunto de interés, sino también de responsabilidad social y un ejemplo ante futuras generaciones pues como bien dijo apenas hace unos días un tío, “Si no puedes tener bien a tu familia, ¿Cómo podrás tener bien a tu equipo de trabajo, a tu empresa, tus empleados y tu país?”

Un comentario el “Más allá de la sangre

  1. […] espiritual y afectiva de tener una fe fortalecida como nunca antes y la mejor compañía de mi familia y mi esposa a ya 5 años de casado. ¿Y tú, qué estás esperando para enfrentar tu […]

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