Hasta que la muerte nos separe

El amor es y ha sido desde los inicios de la historia uno de los más grandes motores de la humanidad;  lleno de matices y elementos, responde nuestra necesidad natural de asociarnos y relacionarnos pues ¿cómo vamos a negarlo? a través de él muchos encontramos la motivación y felicidad para realizarnos en nuestras vidas.

En lo personal de todas las facetas del amor, la relación de pareja siempre me ha resultado la más fascinante y a la vez compleja pues a diferencia del amor fraternal o filial, no tiene un vínculo natural o sanguíneo que fortalezca el lazo, y a todas luces implica mayor compromiso, interacciones y unión que una relación de amistad. Como ya lo hemos platicado anteriormente, cada quien concibe la vida y sus elementos –como la muerte, el dinero y demás – según las experiencias que ha vivido y tomando como referencia los modelos que tuvo desde su infancia; es por esto que en el amor así como en la vida, cada quien habla según le fue en la feria y por ello hoy en día podemos encontrar historias de amor y desamor que nos llevan de la risa al llanto, de la ternura al sufrimiento y de la decepción a la ilusión.

Mi historia favorita de amor empieza con Jesús, joven tabasqueño de 20 años que tomando unas vacaciones en Acapulco coincidió por azares del destino con María, chica extranjera que acompañada de su madre visitaba por primera vez tierras mexicanas. 3 días de conocerse bastaron para que Jesús confesara por teléfono “mamá, he conocido a la mujer con la que me voy a casar”. 1 año de visitas recíprocas marcó el límite para ser novios y tan sólo 2 años y medio después se casaron, habiéndose visto físicamente tan sólo 88 días. El pasado 30 de junio Jesús y María celebraron 34 años de esa unión.

Una historia genial y muy diferente es la de José y su familia de 9 hermanos quienes tuvieron que moverse de departamento en el D.F. cuando el pequeño Carlos manchó de lodo la pared blanca del propietario. Fue entonces a sus 16 años cuando José coincidió en el mismo edificio en el que vivía la familia de Lourdes, quien a sus 12 años jamás imaginó que ese nuevo vecino sería su novio por más de 7 años y a la postre esposo y el padre de sus 3 hijas. El pasado 1º de Julio José y Lourdes cumplieron 35 años de emprender juntos ese camino.

Hoy a un mes de cumplir 5 años de casado con Chanty Lafón reconozco que estas historias, las de nuestros padres, fueron y son un faro de luz en la cada vez más obscura realidad y los retos que vivimos las parejas actualmente. En un mundo donde los contratos y las promesas de amor duran tanto como nuestra voluntad, donde la visión natural y humana de una pareja se encuentra trastornada y difusa, y donde los estereotipos sociales y comerciales promueven el libertinaje, el uso y abuso del amor y la persona como un objeto, el tener una guía, un centro y un modelo resultan sumamente refrescantes e inspiradores para salir adelante cuando los problemas llegan.

Y es que es preciso aclarar entonces que no existe relación o pareja perfecta. Desde nuestra naturaleza humana positiva pero perfectible, tenemos a nivel individual una mezcla única de características y defectos por la cual lograr una amalgama sin errores resulta una labor casi imposible. Aún aquella historia de amor que desde las vitrinas luce maravillosa y armónica les puedo asegurar desde mi experiencia vive también en la intimidad momentos naturales de incomprensión, diferencias, frustración, enojos y lucha. El hecho de que yo recuerde y cite los momentos mágicos y románticos de la historia de mis padres no exime que recuerde claramente también las diferencias, los tragos amargos, los baches de la vida y las oportunidades que como pareja tienen para vivir más felices. El aprendizaje clave está entonces en que la perfección del amor de pareja no está en no tener diferencias ni pleitos, sino en lograr seguir juntos a pesar de las mismas. Definitivamente es más fácil decirlo que hacerlo, y desde mi experiencia para lograrlo existen 2 aprendizajes clave los cuales creo es más fácil explicarlos a través de una analogía cuyo origen no recuerdo pero creo soy autor:

“La vida en matrimonio es similar a un recorrido en el cual hombre y mujer deciden llevar juntos una carreta hacia un destino. El camino y el paisaje, es decir la vida, dependiendo de sus ciclos puede ser hermoso, primaveral y con un clima agradable, sin embargo en momentos será también desértico, lleno de piedras, lluvia torrencial o un clima sofocante. En ocasiones llevar la carreta resulta sencillo pues el camino es cuesta abajo, pero existen también tramos cuya pendiente hacia arriba demande un mayor esfuerzo para seguir caminando. La carreta, nuestro matrimonio, puede estar en distintas condiciones que faciliten o no su movilidad y más allá de todas estas circunstancias, existirán sin duda etapas del trayecto donde uno de los miembros de la pareja esté demasiado agotado para seguir caminando, y es entonces cuando el otro debe hacerse responsable de subirlo a la carreta y cargar por sí solo el peso de ambos hasta que el tiempo pase y el primero recupere fuerzas; ninguno está exento de lastimarse en el camino y necesitar ayuda del otro.”

Aun cuando pudiera precisar una gran cantidad de elementos y reflexiones sobre esta analogía, creo que las más importantes conclusiones son 1) que para llegar al final del camino con la carreta es necesario el esfuerzo de ambos, es decir uno solo no puede cargar con todo el peso indefinidamente. Para que un matrimonio perdure entonces ambos deben tener el compromiso y disposición de cargar con el mismo, incluso solos cuando las circunstancias así lo ameriten, y únicamente a través de una visión y voluntad compartida es que encontrarán la motivación para hacer este esfuerzo en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas. El mejor consejo que puedo dar para lograr esto se da irónicamente antes del matrimonio, en la elección de una pareja que comparta esta visión.

La segunda conclusión es que independientemente de las circunstancias y obstáculos del camino, 2) si la carreta es firme y fuerte entonces puede soportarlo todo. Recordemos que la carreta simboliza nuestra fortaleza como matrimonio en base a nuestras capacidades y habilidades para comunicarnos, entendernos y aceptarnos como pareja. La carreta sólo puede afianzarse consolidarse entonces a través de un esfuerzo auténtico y constante de ambos por desarrollarse a nivel personal y como pareja no sólo en un plano emocional sino también intelectual, físico y espiritual. Las relaciones amorosas tienen como objetivo el lograr la felicidad propia y de la pareja a través de la realización de ambos, pero esta realización sólo es posible cuando existe una lucha constante por crecer y sobre todo la voluntad de poner ese aprendizaje y crecimiento al servicio del prójimo.

Definitivamente el éxito de las relaciones amorosas tiene muchos más elementos que los que aquí menciono y nada está dicho a los 35 y mucho menos a los 5 años de casados. Aunque hoy en día es más fácil identificar modelos de relaciones vacías e infructuosas, algunos quizás muy tentadores y atractivos en el corto plazo, desde mi experiencia vale la pena honrar nuestra necesidad natural de vivir una relación armónica, estable, sana y de crecimiento. Tomar en serio y vivir en serio el amor es posible si extendemos nuestra concepción más allá de los modelos que aprendimos desde niños, los que se promueven socialmente y nuestras experiencias pasadas. Reconocer que la única persona que puede determinar o cambiar el rumbo de nuestras relaciones hacia un final feliz somos nosotros, nuestras elecciones, y nuestras acciones es el primer paso que podemos dar hoy para poder decir que vivimos felices para siempre.

3 comentarios el “Hasta que la muerte nos separe

  1. Ramiro dice:

    Excelentes reflexiones sobre un tema complejo…

  2. […] de familia se pierde y destruye ante la visión egoísta del individualismo. De manera similar al matrimonio, si la visión del “yo” está por encima del “nosotros” las disputas por fama, dinero, […]

  3. […] y mi vida profesional, la pérdida de seres queridos, mis estudios de posgrado y por supuesto mi maravillosa vida de casado, debo reconocer que estas etapas al menos en perspectiva no fueron tan complejas o llenas de […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s