Alcanzar la paz

Les voy a contar un secreto personal que espero no se malinterprete: desde hace ya varios años me doy cuenta que tengo una cada vez mayor curiosidad por visitar al menos una vez al mes un funeral, un velorio o simplemente ir al cementerio. Parece algo trastornado y yo incluso así a veces lo pienso, sin embargo cuando por alguna razón he llegado a estar en dichos lugares, más allá de la tristeza que me embarga por el dolor o pérdida de mis conocidos, me doy cuenta que el contactar con su tristeza detona reflexiones muy claras y contundentes de lo que realmente significa para mí la vida y la felicidad; en otras palabras y por extraño que suene, acercarme y entender la muerte me hace acercarme y entender la vida.

 

Particularmente y alrededor de este tema los últimos días han sido complicados pues no hace más de 1 semana se cumplieron 10 años de la muerte de mi gran amigo Luis Casas Méndez. Por más que intente año con año obviarlo o vivirlo de forma superficial, el 29 de mayo es un día en el que casi inevitablemente lloro, pero también un día en el que río recordando las alegrías y sobre todo las ocurrencias que en su vida terrenal Luis hacía y compartíamos juntos. El vivir este último 29 de mayo de forma similar me hizo recordar algunas de mis reflexiones en velorios, y sobre todo me hizo cuestionarme el cómo vivo y entiendo la muerte, y cómo la viven los demás.

 

Quiero aclarar que no soy ni pretenderé ser un especialista en Tanatología, sino por el contrario quiero compartirles mi experiencia y cómo yo viví lo que llamo “mi primera muerte”. Con el tiempo he desarrollado la loca teoría de que si bien uno conoce “en persona” a la muerte evidentemente el último día de nuestras vidas, la concepción que tenemos de ésta se determina en gran forma desde pequeños, adolescentes o incluso adultos, cuando vivimos nuestra primera muerte es decir, aquella que por primera ocasión nos impacta de forma significativa ya sea mental, emocional o espiritual. En mi opinión la intensidad y la falta de experiencia con la que vivimos esta primera pérdida traza el mapa inicial –sobre todo a nivel emocional- con el que concebimos y por ende vivimos este fenómeno gran parte de nuestras vidas, y de ahí el hecho de que para algunas personas la muerte pueda ser sinónimo de dolor, injusticia o castigo cuando para otras signifique descanso, tranquilidad e incluso alegría.

 

Cuando yo era todavía muy pequeño viví dos muertes significativas en mi vida: la de mi abuelita paterna y mi abuelito materno; posteriormente perdí también a un tío cercano y sin embargo, ninguna de esas muertes llegó a impactarme tanto como el perder a Luis. No sé si fue el tremendo afecto que nos teníamos o las condiciones súbitas y complicadas de su fallecimiento, pero estoy convencido de que la intensidad emocional y espiritual con la que viví esa primera muerte me transformó como ser humano.

 

Durante mi primera muerte y como era de esperarse viví de forma consciente e inconsciente todo tipo de sentimientos y reacciones que fueron desde la negación, enojo, tristeza, frustración hasta posteriormente la resignación, entendimiento y paz. Mi personalidad, espiritualidad y madurez por supuesto jugaron un rol importante a lo largo de este complicado y largo proceso, sin embargo si algo quiero resaltar determinó el significado que le di a la muerte a través de esta experiencia fueron los modelos y reacciones que pude observar y aceptar de quienes me rodearon en ese momento. La serenidad, paz, esperanza y resignación de mi familia y la de Luis, así como el valor de mis amigos para enfrentar esta realidad fueron siempre guía para entender que más allá del dolor y la pérdida, la muerte para mí significa una prueba de fe, una oportunidad de acercarnos a la verdad y a Dios, y un desafío para vivir de forma auténtica nuestra misión.

 

Y es aquí donde vale la pena voltear atrás y pensar no sólo en cuál fue entonces tu primera muerte, como la viviste y el significado que tuvo en tu vida, sino ir un poco más allá y poder ser conscientes de qué condiciones eran las del momento, qué modelos tuviste presentes y qué elementos propios y ajenos determinaron ya sea de forma positiva o negativa la concepción que le diste entonces a este suceso, pues sólo así podrás darte una oportunidad de darle un nuevo sentido y significado en un futuro.

 

Quizá después de todo ya no me resulte tan bizarra mi idea de visitar velorios y funerales cada mes; la vida nos da a veces tan pocas oportunidades de vivir experiencias intensas de crisis o aprendizaje que definitivamente si no aprovechamos los medios posibles para acercarnos a la realidad de los demás, difícilmente lograremos tener un entendimiento más allá de las experiencias y modelos propios y no alcanzaremos concepciones más integrales en temas tan relevantes y trascendentales como el aquí expuesto. Si ése es el caso, quizá entonces lo más trágico finalmente de la muerte no es la muerte en sí, sino realmente nunca haber entendido su significado y a través de éste, aprovechar la vida en un sentido pleno y positivo… justo como me enseñó Luis.

8 comentarios el “Alcanzar la paz

  1. Oscar Cayetano (De la pluma de Oscar) dice:

    Un abrazo Rubén, un maestro llamado Jesus nos enseño que para tener una verdadera paz era necesario morir a nosotros mismos para vivir en el Espiritu. Saludos desde Celaya

  2. Rosi Martinez dice:

    Rubén sentí tan padre al ver tu publicación, siempre he pensado que eres un gran ser humano, ejemplar y con valores íntegros. Que dicha ser un esposo, hijo, hermano y amigo como tu. Que dios bendiga todos tus sueños y tu vida siempre amigo. Un abrazo!

  3. lupita dice:

    Muy interesante… y como dice Chantal muy adecuado en estos momentos! saludos y gracias

  4. elizabeth dice:

    Me sacaste de mis pensamientos mundanos y materiales para analizar lo que realmente me mueve. Y apreciar la vida. . . . . . . Gracias

  5. […] Como ya lo hemos platicado anteriormente, cada quien concibe la vida y sus elementos –como la muerte, el dinero y demás – según las experiencias que ha vivido y tomando como referencia los modelos […]

  6. […] Sin embargo a pesar de ser algo natural no es fácil formar parte, mucho menos velar por la unión de una familia. Si bien los lazos sanguíneos determinan que todos los integrantes de una familia compartamos características y atributos físicos, intelectuales y conductuales, en casi toda familia podemos encontrar una gran mezcla de personalidades, ideologías y vocaciones que hacen de cada una un auténtico confeti del cual nos guste o no, somos parte y con el cual estaremos conectados hasta el último día de nuestras vidas. […]

  7. […] padres, el último de solteros o universitarios, el 5º de casado o bien, el décimo desde que perdió a un ser querido. En lo personal y aunque desconozco completamente en qué momento o de qué forma me programaron […]

  8. […] he vivido muchos otros cambios relevantes como mi paso por la universidad y mi vida profesional, la pérdida de seres queridos, mis estudios de posgrado y por supuesto mi maravillosa vida de casado, debo reconocer que estas […]

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