¡Madres! ¿Feliz día…?

Mi mamá solía decirnos desde muy pequeños que “el amor más grande y puro que existe en el mundo es el de una madre por un hijo” y aunque seguramente no es una frase suya, es algo que recuerdo desde pequeño y que siempre me generó duda y controversia y aclaro, no porque no pudiera percibir un gran y profundo amor de su parte –todo lo contrario-, sino porque esa expresión de alguna forma en mi mente me llevaba a pensar en mis limitaciones y que este amor yo nunca lo podría experimentar más que como un hijo.

Ciertamente hoy muchos años después, si bien reconozco que nunca podré vivir entonces este amor como una madre, tengo la firme convicción de que mi mamá estaba equivocada al afirmar la grandeza y pureza de este amor, pues hoy en día tengo suficientes elementos para afirmar que no todas las madres cumplen cabalmente con esta descripción cuando se trata de amar a sus hijos.

¿A partir de cuándo supiste que eras mamá? Le pregunté en una ocasión a una querida amiga que con una gran sonrisa y palpable emoción nos relataba su gran descubrimiento: “Cuando la prueba de embarazo salió positiva fue cuando lo confirmé, pero yo ya desde antes sospechaba algo… me sentía súper diferente los días anteriores, algo no era normal”. Y es que ciertamente coincido que mucho antes de que ella se hiciera la prueba, las cosas ya no eran como antes y para bien o para mal, nunca volverían a ser iguales.

El tema de las felicitaciones a las mamás me resulta, debo confesar, sumamente confuso y delicado porque existen mujeres embarazadas a las cuales uno las felicita por ejemplo hoy, día de las madres, y mientras algunas responden “no te anticipes, porque todavía no soy mamá” otras contestan con emoción “¡gracias! es mi primer día de las madres”. Por otra parte, es sumamente triste y a la vez absolutamente incomprensible entender el profundo dolor que algunas de estas amigas y/o conocidas han llegado a vivir cuando llegan a perder a su hij@ antes de su nacimiento; y sin embargo es ahí donde las complicaciones se incrementan y me siento perdido e ínfimamente pequeño pues me pregunto… ¿entonces, ciertamente estas mujeres, fueron o no mamás?

Si yo me diera la autoridad para definir y categorizar a una madre desde mi corta visión del mundo, diría que son mamás todas aquellas mujeres que co-crearon una vida por corta, complicada o insignificante que esta sea, sin embargo no he terminado de escribir esta frase cuando ya me arrepiento y dudo si es que realmente existe algo como una vida realmente insignificante: ¿qué parámetros existen para definir una vida como banal, pasajera o irrelevante? ¿Es el parámetro de medición y clasificación el que alguien viva acaso la mitad de una vida promedio de 25,000 días? ¿O que nazca libre de aflicciones físicas o mentales? ¿Son entonces las condiciones en que se dio la concepción, o la posible calidad de vida que pueda tener esta vida la que la hacen más o menos relevante? ¿Es mi vida banal si sólo viviera 3 días, o bien si no lograra algo importante a lo largo de 100 años? En mi reiterada humilde opinión, una madre es madre tanto como una vida es vida desde que reconoce que ha formado parte de una co-creación (¡porque los hombres también somos responsables!) y, en palabras de mi amiga, las cosas “ya no son como antes”.

En una gran cantidad de países del mundo es común y natural definir –porque como seres humanos nos gusta concretar y estructurar nuestro conocimiento- que esto sucede a la semana 12, es decir, la vida es vida a las 12 semanas de la concepción. También es común encontrar una afirmación global de que esa vida si bien existe y tiene el potencial de ser independiente, en ese momento puede ser anulada si la libertad y el derecho de quien le brinda la dependencia así lo desea. Sin afán de ser simplista y cruzando entonces estos dos conceptos, me cuesta mucho darle la razón entonces a mi madre cuando sé que existen en nuestro país al año más de 20,000 mamás que con menos de 12 semanas de embarazo deciden quitarle la vida a su hij@ por alguna razón ____________________ (por favor llene el espacio con la que le resulte más adecuada). Yo no soy ninguna autoridad para calificar este acto –mucho menos a quien lo cometa- pero lo que sí creo es que éste no refleja la expresión del amor “más grande y puro” al que se refería mi madre.

El día de hoy entonces aunque es un día en el cual primordialmente agradezco a Dios la bendición tan grande de tener una mamá tan amorosa y entregada como la mía, es un día que me invita a agradecer y reconocer también a todo el resto del universo de mujeres que tuvieron el valor de ser mamás, y a pensar entonces en todo aquel conjunto de elementos y características entonces que hacen diferentes a aquellas mamás que no sólo conciben a su hijo sino que deciden también permitirle tener una vida.

Si uno se detuviera el día de hoy a leer al menos la mitad de las fotos, cartitas, frases y reflexiones que se encuentran en todo tipo de medios y que hablan de las madres, encontraría que como sociedad reconocemos fuertemente en la figura de las mamás no sólo grandes portadoras y patronas del amor, la formación, el apoyo, la comprensión, la fortaleza y la unión de la familia, sino también un rol como pilares en la educación de valores y la espiritualidad en nuestra sociedad; una madre es entonces un elemento único e inquebrantable de nuestra sociedad, un ser lleno de talentos y con grandes responsabilidades que cumplir, unos zapatos grandes que llenar y que sin duda, le podrían dar miedo a cualquiera: ser madre creo yo en cualquier circunstancia o condición no es tarea ni responsabilidad fácil o pequeña.

Ante este panorama y el relativismo de principios que tenemos hoy en día, es entendible entonces que en circunstancias adversas una madre pueda apelar a su libertad de terminar con la vida de su hij@, sin embargo y aunque muchas organizaciones –incluso religiosas- permitan en ciertas condiciones el aborto o perdón, la interrupción legal del embarazo, no justifico este acto pues en mi opinión, una libertad que cancela otra libertad no te hace realmente libre y cuando una madre aborta, algo dentro de ella más allá de su hij@, también muere. El día de hoy reitero mi insignificancia para juzgar a cualquier persona pero también mi derecho a expresar mi opinión sobre un acto que considero no está a la altura de lo que todos esperamos y creemos es una madre,  y aplaudo DE PIE a todas aquellas mujeres que en todo tipo de circunstancia día a día nos demuestran que ser madre es una oportunidad única para conocer el amor a través de los hijos, luz de esperanza aún en las condiciones más adversas.

No quisiera terminar sin antes voltear al espejo y reconocer que como hombres somos co-partícipes de las vidas que se crean y terminan día a día en nuestro país y nuestro mundo; nuestras leyes y nuestros actos son incongruentes con toda esa imagen que hoy defendemos e hipócritamente celebramos con rosas a nuestras madres, hermanas, esposa y amigas, pues obviamos pasiva e irresponsablemente nuestro rol dejando y abandonando el concepto de familia, pareja, unión y matrimonio que fundamenta nuestra sociedad. Recordemos que el amor es realmente probado en las adversidades, y sólo es auténtico cuando demuestra ser no sólo un sentimiento sino una expresión de realmente compartir una vida y las vidas que esta vida genere tanto en las buenas como en las malas.

Definitivamente sólo una madre puede entender y saber el amor que tiene realmente por sus hijos; si bien yo puedo creer que todos merecemos una oportunidad de vivir, reconozco que las generalidades son complicadas y que existirán sin duda casos y circunstancias extremas en las cuales tomar esta decisión resultará “razonable”; como sociedad nuestro reto está entre realmente discernir la excepción de la norma y recuperar una congruencia en nuestro discurso y nuestros actos para realmente, brindar no sólo argumentos sino condiciones físicas y emocionales para que toda madre pueda no sólo crear vida sino darle una vida a su hij@… si todo esto te resulta ridículo, una utopía sin argumentos, quizás estés en lo cierto y en el fondo, tan sólo soy un niño que quisiera que su madre tuviera razón.

¿Cuál es tu casa blanca?

Tiempo de elecciones: tiempo de promesas, tiempo de mentiras, tiempo de ponernos nuestras mejores galas, mostrar nuestra mejor sonrisa y el mejor perfil. Durante los últimos 20 días y dado que mi ruta del trabajo ahora tiene al menos 15 anuncios de los candidatos del PRI y el PAN a la gubernatura y presidencia municipal de Querétaro -sin contar los anuncios de radio los cuales duran más que la música- me he visto en la forzosa necesidad de reflexionar nuevamente sobre la política y sobre todo esta época de campañas y cómo impacta en nuestras vidas… no me lo tomen a mal pero es lo menos que puedo hacer pues como le decía entre broma y broma a un taxista esta semana, “ya los veo más que a mi esposa”.
Contrario a lo que dijera Molotov en su canción Hit Me: “Cuando era chico quería ser como Superman, pero ahora ya quiero ser diputado del PAN… o del PRI o del PRD, o cualquier cosa que tenga un poco de poder”, cuando era chico yo sí quería ser Presidente de México; en una escuela católica pegada al boulevard de Veracruz, mi pequeña visión del mundo a los 9 años me hacía creer que estar en el poder era precisamente el medio para hacer mucho bien y terminar con los grandes problemas del mundo. A los 18 años empecé mis primeros pasos –completamente apartidistas- en la política estudiantil la cual en mi experiencia resultó un ensayo bastante crudo de la vida real; bastaron 4 años en los cuales pude palpar de forma cercana lo que significar ser parte del “ámbito político” para no querer nunca más estar cerca de él: presencié cómo un medio de comunicación intentó usar mis declaraciones para generar polémica entre instituciones académicas; observé como colegas de otras universidades usaban el mismo rol que yo tenía para conseguir privilegios como viajes a Cancún y grandes cantidades de efectivo; un antro nos intentó sobornar a un amigo y a mí para obtener ganancias adicionales de un evento universitario; fui parte de la organización de un Panel Político de los entonces candidatos a la gubernatura de Querétaro y mientras unos nos invitaban a lujosos desayunos, comidas y fiestas totalmente pagadas “sin intención alguna de comprar nuestros votos”, otros nos dejaban plantados sin aviso alguno mientras que los últimos nos trataban despectivamente pues “no nos necesitaban, ya tenían segura la victoria”. Recibí muchas invitaciones y cortesías a fiestas, eventos especiales de artistas y marcas comerciales, así como 1 invitación a hacerme militante de un partido del cual me di cuenta, era como todos los demás. Fueron los 2 años en los que tuve más amigos que nunca, y menos amigos que nunca. 11 años después de estos eventos al observar el ámbito socio-político actual me doy cuenta que si bien mi concepción de la política y sus representantes ha cambiado ya muy poco, quien ha cambiado soy yo y esas incongruencias cada vez más latentes lejos de despertarme indignación y decepción como antes, el día de hoy son una oportunidad abierta a crecer como persona e invitar a otros a que lo hagan también; a continuación les presento algunas incongruencias que sin bien son comunes en la política hoy las veo cada vez más presentes en otros ámbitos de nuestra realidad cotidiana:

1) La soberbia y la pérdida de memoria. Como bien dijera George R. Martin, autor de los libros de la saga conocida como Juego de Tronos, “El poder reside donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos”. Existen muchas personas que al obtener un cargo político pierden completamente el piso y cambian actitudes y comportamientos originalmente naturales en ellos: la sencillez en su vestimenta y su estilo de vida, la cordialidad en su trato al prójimo, la paciencia ante quienes los atienden o sirven, y el trato justo y respetuoso ante quienes son novatos o inexpertos como ellos lo fueron hace algunos años. Honestamente esta situación la he visto más en la vida diaria que en la política y es que seamos honestos, a veces nos subimos apenas a un ladrillo y ya nos estamos empezando a marear… ya sea porque nos acabamos de comprar un carro nuevo o cambiamos de puesto a uno mejor, o bien obtenemos algún cargo o somos bien evaluados en cualquier tipo de competencia académica, deportiva o profesional, muchas veces somos víctimas de aquello que criticamos y sentimos que “nadie nos merece”. Mi invitación es que hagas lo que hagas y logres lo que logres, no olvides nunca 1) aquellos valores que te llevaron a conseguir lo que has logrado, 2) la gente que te ayudó en el camino y 3) da justa proporción a las cosas, recordando la cita anterior o en una versión preferida mía por Mateo 6, 19-23 “Donde esté vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón”.

2) La acumulación de bienes y la falta de empatía social. Hoy está muy de moda criticar la Casa Blanca, los viajes y los vestidos de la esposa y la hija de nuestro presidente -entre muchos otros despilfarros de dinero que tiene la clase política- sin embargo cuando pasamos la tijera olvidamos dar una vuelta por nuestro clóset, nuestra cochera y nuestro escritorio para revisar –en su justa proporción- en qué aspectos de nuestra vida también buscamos y nos damos lujos innecesarios no sólo con dinero propio sino también con aquel por el cual no necesariamente dimos un mayor esfuerzo. Qué fácil y cómodo resulta sentarnos y decir “ella tiene todo eso porque es esposa del presidente” “aquél tiene esa propiedad porque la heredó de su padre” sin embargo ¿cuántas veces nos ponemos a pensar en qué méritos propios hemos tenido para tener la casa, el carro y la vida que nos damos? Aquella herencia que recibimos de nuestros abuelos, aquél negocio próspero familiar del cual somos beneficiarios y todos los bienes que legal y cabalmente disfrutamos hoy en día y aclaro, no tiene nada de malo el tenerlos, no deben de pasar desapercibidos cuando criticamos la falta de empatía social que tienen nuestros políticos con las minorías y los sectores marginados de nuestro país. ¿Nos hemos puesto a pensar y hemos actuado ante la realidad social que viven nuestros padres, nuestros hermanos, vecinos, y la gente que nos ayuda cotidianamente en nuestras labores del día a día? ¿Cómo participamos nosotros de la justicia social, del famoso equilibrio social que reclamamos de nuestros gobernantes? Así como muchos políticos “no escogieron nacer” en un seno privilegiado, la gente que está en peores condiciones sociales, afectivas, intelectuales y económicas que nosotros no eligió la vida que tiene y sin embargo son parte de nuestra sociedad y es entonces nuestra responsabilidad ser partícipes de su desarrollo y prosperidad con tanta exigencia como la que le pedimos a la clase política de otra forma, fallamos rotundamente a la empatía social que tan duramente criticamos cuando vemos la foto de la boda de Nolasco y Anahí con las mujeres indígenas de Chiapas.

3) La mentira y las apariencias. Como dije al empezar este escrito, el periodo de campañas es aquel en el cual los políticos nos muestran su mejor discurso, la mejor foto y sonrisa con miras a vendernos y obtener el voto de los demás. ¿Cuántas veces al año nos ponemos “en campaña” para obtener el agrado, el tiempo, el dinero o bien el favor de un jefe o un amigo? Quizá cuando queremos obtener una recomendación para un nuevo puesto, o bien cuando queremos que nos compren un nuevo producto que estamos comercializando, o también ¿Será acaso cuando estamos buscando que nuestro hijo sea escogido como parte de un equipo representativo? Nuestras agendas ocultas son igual de nocivas que las de nuestros candidatos, y quizá pensemos que no tiene mayor impacto el buscar un favor especial a través de una pose, el bluff o una “mentira piadosa” sin embargo en mi opinión el lobbying en cualquier ámbito de nuestras vidas es no sólo un juego inefectivo en el largo plazo, sino uno a través del cual perdemos nuestra verdadera valía y dignidad pues nos enfocamos en lo que queremos aparentar y no en lo que auténticamente somos. Nuevamente la invitación es a la autocrítica y lejos de enfocar nuestros esfuerzos en apariencias sociales mostrando nuestra realidad o nuestra familia tan “plena y feliz” como se ven las de los políticos en esos coloridos y sonrientes espectaculares, dediquemos nuestra energía y tiempo en hacer de nuestra familia y nuestra realidad algo íntegro y feliz de una forma tan auténtica que aunque suene trillado, brillará y hablará por si sola.

4) La falta de honor y el insulto a nuestro intelecto. En lo personal y disculpen la expresión me resulta aberrante y me da asco la mercadotecnia política que existe hoy en día. Tanto me ofende y me avergüenzan los mensajes de “Mano firme contra la corrupción” de un partido con el historial como el que tiene el PRI, como las acusaciones y los espectaculares “¿Qué escondes Loyola?” que hacen ver al PAN como un niño caprichudo y sin argumentos propios. Me entristece ver en las esquinas gente a la cual le pagan por ser merolicos y marionetas de un partido y me pregunto si es más lamentable que tengan que pagarle a la gente para que los apoye, o que exista gente que no tenga mejores opciones de empleo que estas. Sin embargo ese coraje y esa frustración se vuelven más provechosos cuando volteo al espejo y me pongo a pensar ¿Cuántas veces he hecho yo también guerra sucia? ¿Cuántas veces he recurrido también a criticar a mi prójimo como el mejor argumento para postularme para algún bien? ¿cuántas veces he escuchado a alguien decir “es que ese niño es muy mal portado” o “esa persona realmente no ha trabajado nada para lograr eso” en lugar de escuchar los méritos que cada hijo/persona tiene para obtener algo? Cuando nuestro mejor argumento es la crítica al otro lo que ponemos en evidencia es que no tenemos los suficientes elementos positivos para hacer una propuesta de valor y entonces nuevamente estamos desvirtuando no sólo nuestro espíritu competitivo buscando ganar a costa de lo que sea sino demostramos también que en algún punto, así como los políticos, todos tenemos que ensuciarnos las manos y perder un poco de nuestra virtud para ganar.
El fin último que atribuimos a la política de trabajar y servir a la comunidad es irónicamente el mismo fin último que tenemos en nuestras vidas. Independientemente de los sueños y distintas formas en las que cada quien busque trascender en este mundo, creo sinceramente que todos buscamos dejarlo un poco mejor de lo que lo encontramos, sin embargo no todos estamos conscientes de que el camino a hacerlo es el servicio al prójimo y que para hacer grandes avances, así como en la política, tenemos que estar dispuestos a trabajar con autocrítica y en colaboración con el prójimo. ¿Qué otras incongruencias encuentras en la vida política que nos arrojan aprendizajes sobre nuestra vida social como individuos y país?

Preocúpate cuando estés muerto

El 2015 empezó rápido e intenso pues apenas llevaba dos semanas del mismo cuando ya había perdido la poca paz y tranquilidad ganada en mis vacaciones familiares… estrés, angustia, enojo, mal estado de ánimo y hasta insomnio, estos síntomas de que “algo no está bien” fueron la tónica de las dos últimas semanas y la razón detonante para inspirar finalmente esta entrada a mi blog.

Durante las últimas semanas al platicar con amigos o familiares algunos de mis problemas y preocupaciones escuché reiteradamente las famosas frases de apoyo y consuelo: “no te preocupes, ocúpate”… “preocuparte es inútil”… “preocúpate cuando estés muerto” y la verdad es que de poco sirve escuchar estas frases cuando ya sabes que son ciertas, pero por más que lo intentes no puedes llevarlas a cabo. Dejar de preocuparnos no es un acto que requiere únicamente el uso de nuestra consciencia y el análisis de lo que podemos hacer realmente respecto a la preocupación, sino también un autodominio emocional y un sentido amplio de toda la multidimensionalidad de la vida para entonces sí, dejar de preocuparnos y poder continuar de forma plena nuestra vida.

Entender entonces que del dicho al hecho hay un largo trecho no es tan fácil como decir “no te preocupes”, y al menos en lo personal este recorrido emocional y reflexivo de las últimas semanas además de desgastarme sobremanera, me brindó algunos aprendizajes que comparto con ustedes y espero nos sean a todos de utilidad ya sea para preocuparnos menos, o bien para darle utilidad a nuestras futuras preocupaciones:

  • Preocuparnos es algo natural y que forma parte de nuestra vida y nuestra historia. La inquietud por el desenlace incierto de algo futuro está presente en nuestras vidas desde pequeños ya sea por saber si nos irá bien en un examen, si nos dolerá o no una inyección, si le gustamos a esa persona especial o bien si los regalos anhelados llegarán o no a medianoche de Navidad; sin embargo estas preocupaciones, aún en edades muy tempranas, varían susceptiblemente dependiendo de las condiciones socioeconómicas de nuestro entorno, por lo mismo lo que para algunas personas son preocupaciones fundamentales -como quizá el último ejemplo- para otra persona son sumamente triviales o inexistentes. Lo crítico es que sin importar nuestra situación o contexto, siempre tenderemos a preocuparnos y dicho sea de paso, conforme aumente nuestra edad las preocupaciones que tendremos serán más severas (salud, finanzas, política, etcétera) y cuantiosas (preocupaciones no sólo por nosotros sino por nuestros hijos, amigos, hermanos, padres, abuelos, etcétera) y por lo mismo, se vuelve relevante el aprender a manejarlas de forma adecuada.
  • Todos tenemos preocupaciones. Estas últimas semanas en las cuales mis preocupaciones se convirtieron en un tema altamente significativo en mi vida, pude notar como mi receptividad hacia las preocupaciones de otras personas fue mucho mayor y fue tan sólo cuestión de minutos lo que me tomó darme cuenta que estoy expuesto a muy distintos tipos de preocupaciones: las que tiene mi hermana por sus pacientes, las de cierta amiga a la que le ofrecieron un nuevo trabajo y cambio de residencia, la de otro amigo que presiente que en su empresa habrá un recorte de personal, la de mis familiares por la salud de mi abuelita, las de mi esposa por un nuevo reto personal y la de muchos mexicanos por nuestro país en distintos aspectos. Ahora bien, ¿qué tiene de importante entender que todos tenemos preocupaciones? La respuesta no está en el ¿qué?, sino en el ¿para qué?; estar conscientes de que todos tenemos preocupaciones por sí solo no genera cambios sin embargo puede abrir nuestros ojos para que nuestro comportamiento hacia los demás sea más empático, tolerante y cordial de modo que no vivamos encerrados en el egoísmo de nuestras vidas y nuestros problemas. En lo personal este elemento fue de gran valor para fortalecer la relación con un amigo pues pude estar cerca de él y acompañarlo en momentos de gran preocupación, sin embargo creo que las posibilidades que este concepto abre son muchas en términos de una sociedad más tolerante, incluyente y de apoyo.
  • Aquello que me preocupa NO es el fin del mundo. Subiendo en la escala de consciencia respecto a nuestras preocupaciones, las de nuestro alrededor y las consecuencias que todas pudieran tener, fue sumamente claro para mi entender y dimensionar dos cosas: la primera que si bien mis preocupaciones son grandes, en el peor desenlace de las mismas la vida sigue y en dichas condiciones es mi deber seguir adelante y afrontar la vida; existen en nuestro alrededor un sinfín de casos y ejemplos de personas que han enfrentado problemas similares y en muchas ocasiones superiores a los nuestros y, lejos de compararlos lo cual sería un gran error, hay que aprender de estas experiencias y encontrar aquellos factores de éxito que otros encontraron de sus problemas para transformarlos en oportunidades de crecimiento y felicidad. Esto no quiere decir que tiremos la toalla o dejemos de hacer aquello que es necesario para “evitar” los peores escenarios de nuestras preocupaciones, sino todo lo contrario, hacer un esfuerzo emocional e intelectual para visualizar el peor escenario y aún en el mismo, saber que no estamos solos y que podremos salir adelante si tenemos la voluntad y fe en nuestra persona, en Dios y en el mundo.
  • A mucha preocupación, mucha prudencia. Cuando tenemos grandes problemas y la angustia crece, el manejo de nuestras emociones y sentimientos se vuelve sumamente errático; en estas semanas he hecho una gran cantidad de corajes y creo que, dentro de muchos otros factores que no puedo visualizar, el mal manejo de nuestras emociones en momentos de gran preocupación puede generar consecuencias negativas en nuestro entorno:
    1. Proyectamos a los demás una imagen incorrecta o incompleta de nuestra persona.
    2. Influimos en cómo los demás conciben el entorno o a las personas y por lo mismo, se comportan igual que nosotros o de una forma sesgada.
    3. Nos desgastamos física y emocionalmente, muchas veces desperdiciando además nuestro tiempo.
    4. Entorpecemos y ponemos trabas en nuestras relaciones interpersonales.

En mi caso si bien el enojo se apoderó de mí y creo tuve varias afectaciones de las arriba mencionadas, creo que rescato algo relevante y es que no tomé decisiones importantes o me dejé conducir de forma impulsiva con actos de mayores consecuencias; en resumen, es crítico que entendamos que cuando la preocupación se adueña de nosotros, nuestras emociones y reacciones generalmente extremas y poco objetivas, por lo mismo debemos buscar primero tener un control emocional antes de pensar en acciones concretas respecto a nuestro problema.

  • Preocuparse no debe ser minimizado. Si bien parecería que preocuparnos no deja nada bueno, es importante recalcar que el acto de dedicar energía y atención a algo o alguien es un buen indicador de qué cosas son relevantes para uno, y esto es una brújula inequívoca para hacer conscientes nuestras prioridades, qué relaciones son más importantes para nosotros, y qué decisiones son realmente significativas en nuestra vida. Según distintos autores como el Psiquiatra Edward Hallowell, las preocupaciones al igual que el miedo tienen una función productiva en nuestra vida por lo que así como tienen el potencial de incapacitarnos y paralizarnos por el discurso fantasioso que pueden generar, también pueden impulsarnos a actuar desde una consciencia y un control emocional mayor.

Con todos los puntos presentes, realmente lo más curioso es que nunca terminamos de dominar nuestras preocupaciones; como ya antes lo mencioné, nuevas y “mejores” preocupaciones vendrán sin embargo, la única garantía de que podamos afrontarlas y superarlas con entereza y con la menor afectación a nuestras relaciones o aspectos más importantes de nuestra vida será nuestra maestría para manejarnos dentro de ellas de una forma consciente para lo cual entonces cada preocupación resulta en una nueva oportunidad de crecimiento y aprendizaje. ¡Éxito!

Reflexiones para un nuevo México 2015

Hace una semana tuve el honor de ser invitado por mi alma mater para dirigir un breve mensaje a los alumnos candidatos a graduarse merecedores a premios de distinción por su participación destacada en actividades extra académicas; después de un año algo intermitente en este blog, les comparto de forma íntegra este mensaje en espera de que despierte su reflexión y con el firme propósito de tener un 2015 más constante y activo en este medio. ¡Felices Fiestas!

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Buenas noches estimados alumnos, padres de familia, queridos maestros y directivos del Tec de Monterrey que hoy nos acompañan; es para mí siempre un gusto regresar a casa y más el día de hoy pues hace 10 años exactamente estaba yo en este mismo escenario recibiendo un reconocimiento como hoy lo hacen ustedes.

El día de hoy tengo la oportunidad de dirigirme a ustedes y antes de empezar quisiera subrayar que hoy es un día de celebración, alegría y satisfacción por sus logros; ¡Muchas Felicidades! Lo que ustedes han logrado los distingue por muchas razones del resto de sus compañeros y la más importante de todas, es el espíritu y la vocación que tienen por dar el extra y salirse de su área de confort. Esta habilidad o característica es sin duda la que más he atesorado y más me ha redituado en mi vida profesional, y los exhorto a que sigan alimentando esa ambición positiva y esa voluntad para actualizarse constantemente y liderar así el movimiento familiar y social.

Uno de los principios de los que más me gusta reflexionar es irónicamente uno de ciencia ficción llamado la “ley de intercambio equivalente”, traducido de la expresión “Touka Koukan” de un anime japonés. Este principio en resumidas cuentas lo que señala es que las personas no pueden ganar algo sin un sacrificio o el pago de un precio; para obtener algo, debes entregar algo de igual valor. El día de hoy ustedes no me dejarán mentir cuando afirmo que para alzar una copa nacional CONADEIP, para organizar un Congreso, para presentar una comedia musical ante más de 1,500 personas, para ejecutar un plan de acción social, incluso para organizar una fiesta de bienvenida se necesita coordinación, dedicación, trabajo en equipo, esfuerzo, desvelo y en muchos casos sudor y lágrimas. Sin embargo si creen que su único pago por todo este esfuerzo es el diploma o el borrego que se están llevando, están completamente equivocados: la verdadera riqueza y la correspondencia a su esfuerzo está en todas y cada una de las experiencias, los aciertos y los errores, las crisis, los acuerdos, las decisiones y todo aquello que tuvieron que vivir para llegar el día de hoy a este lugar; es ese cúmulo de aprendizajes lo que realmente les da un valor agregado y estoy 100% seguro les habilita una muy sólida base de competencias para el día de mañana desempeñarse con la más alta calidad y excelencia donde ustedes quieran y para el fin o el sueño que ustedes se propongan.

No obstante les tengo una mala noticia y es que desafortunadamente yo hoy no estoy aquí para hablar únicamente de su ya probada capacidad y competencia, pues si bien eso les ha permitido destacarse en su pasado, no será suficiente para garantizar el éxito profesional y personal de su futuro, mucho menos en una realidad tan compleja como la que vivimos hoy en día. Hoy en México jóvenes, no hace falta  gente capaz. Lo que necesitamos hoy en día no es gente más preparada, con más conocimiento y mejores competencias. En esta realidad en la que se vive diariamente hambre, inseguridad, corrupción, opresión e injusticia lo que hace falta NO es talento; no es el qué, sino el cómo.

El cómo significa la manera en la que logramos las cosas. Ustedes a través de todas sus actividades académicas y de asuntos estudiantiles han logrado el éxito y seguramente también lo lograrán afuera si así se lo proponen; sin embargo no es lo mismo ser campeón en base a la honestidad, el juego limpio y el trabajo en equipo, a lograrlo en base a la trampa, el individualismo y la burla al contrario. El lograr las cosas por el camino fácil, chueco y que no se responsabiliza de las consecuencias puede ser igual de eficaz para lograr un objetivo en el corto plazo o incluso en el mediano, sin embargo con el paso del tiempo se vuelve cada vez menos efectivo, sostenible y desgasta hasta matar nuestras relaciones personales y laborales en principios básicos como el respeto, la lealtad y la confianza. México necesita entonces no sólo de su talento, sino principalmente de sus principios, sus valores, su correspondencia para sí demandar sus derechos pero también cumplir con sus responsabilidades; en una frase, México necesita gente correcta y congruente.

Hoy es un excelente día para que se cuestionen y nos cuestionemos no sólo en lo que hemos logrado hasta ahora y aquello que queremos lograr el día de mañana, sino principalmente cómo lo hemos hecho y cómo de ahora en adelante lo queremos lograr y en ese sentido, estoy seguro que esta gran institución ha colaborado en su formación personal para que ustedes busquen logros realmente trascendentales y de impacto en su entorno y no sólo éxitos banales o vacíos que se queden en el plano individual. En este sentido les comparto 3 breves recomendaciones en base a mi experiencia personal y profesional:

  • Respeten el derecho ajeno. Sean empáticos y tolerantes con la realidad y las formas de pensar distintas a las suyas, y manifiesten sus ideologías y necesidades sin afectar a otros y asumiendo las consecuencias de sus actos y palabras.
  • Busquen el bien común sobre el bien propio. El egoísmo y el individualismo no los harán felices ni les dará resultados en el largo plazo y por el contrario, a medida de que más entreguen a su medio sin duda alguna más serán beneficiados y retribuidos por el mismo.
  • Construyan acuerdos: uno de nuestros problemas más grandes y que se liga directamente a nuestro egoísmo es nuestra incapacidad de generar acuerdos; cuando hablen con sus colegas, vecinos, amigos y hermanos no se enfoquen en las diferencias que tienen sino en aquello que los une.

Antes de concluir, me gustaría que hiciéramos un brevísimo ejercicio de humildad y reconozcamos a aquellas personas ya sean padres, hermanos, familiares, amigos y mentores gracias a los cuales el día de hoy estamos aquí celebrando un gran logro. El reconocimiento que hoy reciben si bien en gran parte es fruto de su trabajo, es también consecuencia de la guía, apoyo, escucha y motivación de sus seres más queridos. Les pido entonces que brindemos un muy fuerte aplauso a todos ellos.

Muchas gracias a todos por su atención, nuevamente muchas felicidades y que tengan una excelente noche.

Critico, luego existo

Existen ocasiones en la vida en las que los cambios más insignificantes pueden detonar profundos procesos de reflexión y auto revelación; hace poco más de dos meses descubrí en Facebook la –magnífica- opción de “no quiero ver esto”, un pequeño botón que te permite bloquear si así lo deseas, las publicaciones que otras personas hacen para que no aparezcan en tu muro personal. Siendo honesto no recuerdo exactamente cómo encontré dicho botón, sin embargo lo que sí tengo claro es que a partir de que empecé a usarlo mi experiencia de navegación es sumamente distinta, mucho más agradable y positiva de lo que era antes. Lo anterior es sumamente lógico cuando uno se pone a pensarlo y es que seguramente todos podemos ubicar a más de un amigo cuyos comentarios ridículos, nefastos, ñoños, cursis, egoístas, improductivos o _________ (llene aquí cualquier adjetivo de su elección) no son del todo agradables o interesantes, sin embargo lo curioso de todo esto es que aunque podrían haber muchas razones por las que pude hacer uso del susodicho botón -por ejemplo el típico “Juanito acaba de correr 200 kilómetros y ahora tiene más Nike Fuel que el que tú obtendrás en toda tu vida”-, realmente en la mayoría de los casos bloqueé comentarios y personas cuyos posts son, en su mayoría, de crítica destructiva e improductiva hacia todo tipo de temas.

El mundo es muy amplio y una de las realidades que más me ha costado aceptar es el hecho de que pase lo que pase, haga lo que haga o bien deje de hacer siempre seré (y tú también) criticado por mis actos, convicciones y declaraciones; si bien existen muchas personas que en la mayoría de ocasiones pueden mantener una filosofía de “vive y deja vivir”, creo que el común denominador y parte de nuestra naturaleza humana es que propiciamos y alimentamos la crítica a todo tipo de posturas, ideologías, modas o aficiones que son distintas a lo que nosotros practicamos, creemos o deseamos. Ya sea si estamos a favor o no del ice bucket challenge, del suicidio de Robin Williams, de que se apruebe o no un proyecto de transporte ferroviario en Querétaro o bien estemos a favor o en contra del último logo del Tec de Monterrey, está en nuestra naturaleza criticar, criticar y criticar.

Ojo, antes de profundizar en el tema me gustaría aclarar que en definitiva no estoy en contra de la crítica ni la desapruebo, muy por el contrario me gusta, la disfruto y la practico en blogs como éste; en mi opinión existen dos tipos de crítica: por un lado aquella que es objetiva, que cuestiona de frente, escucha y es propositiva y por el otro lado aquella apasionada, cobarde, intolerante y destructiva, simplemente orientada a herir y dividir, es a ésta a la que me quiero enfocar pues en mi opinión se está convirtiendo en una reacción o comportamiento ya sintomático en nuestra sociedad y al cual le destinamos demasiada energía y un termómetro perfecto son las redes sociales pues como diría mi hermana, “hay mucho odio en Facebook” y eso es un reflejo no sólo de cómo interactuamos entre personas y lo que sucede alrededor de nosotros, sino tristemente habla mucho más de lo que sucede DENTRO de nosotros.

Para entender entonces este fenómeno no hay mejor forma que empezar que partiendo de la experiencia por lo que me dediqué a revisar cuáles son los temas, comportamientos y personas que generalmente critico con mayor frecuencia e intensidad; si bien tenía ya cierta conciencia de este comportamiento propio, el ahondar un poco más en ellos, en cómo resuenan en mí y qué elementos contienen que despiertan mi crítica detonó hallazgos reveladores y honestamente, algo incómodos que creo quizá te puedan resultar interesantes:

  • Mucho critico lo que no conozco. Existen críticas que hacemos sobre ciertos temas muy a la ligera, con poco contexto y mucho menos experiencia de los mismos, así como con posturas poco abiertas a realmente detonar un diálogo e interacción más profundos sobre los temas; hoy en día es común encontrar posturas pobres en las que únicamente expresamos nuestro pensamiento “yo pienso esto de este tema y punto final” y difícilmente nos damos el tiempo y el esfuerzo que implica el realmente hacer de nuestras críticas –verbales y digitales- plataformas de discusión donde como individuos, aprendamos algo del otro, entendamos el por qué alguien piensa distinto y sobre todo nos aceptemos con nuestras diferencias.

 

  • Mucho critico aquello que envidio. Existe una frase muy popular en desarrollo que dice que “lo que te choca te checa”, refiriéndose en este contexto que aquello que no nos gusta de los demás en muchas ocasiones es un reflejo de aquello que no nos gusta de nosotros y quisiéramos cambiar. En lo personal encuentro que varias veces critico no sólo porque quiero algo que otro más presume o bien no valora, sino también porque alguien goza de algo que yo no pude tener o disfrutar de joven; finalmente existen también críticas que hago hacia personas que viven de forma distinta a la mía y más que molestarme su estilo de vida, reconozco que lo que me molesta es que yo he decidido un estilo diferente que si bien tiene también sus beneficios, tiene retos o carencias diferentes que me pueden frustrar o cansar. El darme cuenta de cómo aquello que critico habla de mí me ha permitido voltear nuevamente al espejo y explorar y entender aquellos engranes que realmente detonan mi pensamiento y encontrar oportunidades para hacer cambios que me hagan más feliz, o bien aceptarme plenamente en mis acciones y pensamientos.

 

  • Mucho critico porque el hacerlo me da un Status. Definitivamente uno de los más populares modos de “desarrollarnos” personal, política e incluso laboralmente es “criticar a todos los demás” pues al hacerlo no sólo “no parezco yo tan malo”, sino también al hacerlo de forma elocuente y bien articulada, luzco como un experto en el tema –aunque no lo sea- y adquiero atractivas etiquetas y adjetivos de “analítico”, “divergente” y “retador del status quo”. En lo personal creo que –salvo los medios de comunicación es decir comentaristas políticos, sociales y deportivos donde la mayoría viven de generar polémica o morbo- quien vive este tipo de vida lo hace de forma totalmente inconsciente, por lo que aquí mi reflexión es estar más atento a mi dinámica interpersonal para entender si realmente mis críticas son constructivas y están puestas al servicio de los demás, o únicamente a un servicio propio.

 

  • Mucho critico porque es atractivo, seductivo, divertido y popular. Y sin duda alguna mi favorita, como personas debemos entender que “la ociosidad es la madre de todos los vicios” y que cuando tenemos tiempo libre y estamos desenfocados de actividades productivas, relaciones sanas y procesos de desarrollo, mucho de nuestro tiempo libre podemos ocuparlo en ser víctimas de la seducción de criticar pues la misma nos brinda el placer explícito o implícito de sentirnos mejores, al ver en la desgracia o crítica de los demás una oportunidad de reafirmar o tranquilizar nuestras dudas, debilidades y temores como seres humanos. Si bien puede resultar inofensiva y atractiva la crítica ocasional, mi recomendación es hacernos conscientes de la misma para así detectar cuando nos hemos vuelto adictos de la misma y se convierte entonces en algo más que una actividad casual sino en una práctica personal.

En un inicio lo comenté y ahora lo reafirmo: ADORO LA CRÍTICA pues cuando es propositiva y constructiva me ayuda a realmente ampliar mi perspectiva personal y aprender de los demás y de mí mismo, y cuando es negativa o destructiva me ayuda a conocer más de quien la hace y también entender desde la humildad que todos estamos en continuo proceso de desarrollo personal. Mi invitación final es a que entonces critiquemos, cuestionemos mucho y lo hagamos de frente, con ánimo y con argumentos pues hoy en día tenemos muchos críticos pero pocos argumentos, muchos gritos erráticos pero pocos rostros que sustenten sus palabras, mucho ruido… y pocas nueces. Hagamos crítica responsable de sus implicaciones y su impacto, congruente con el momento y que no sea sólo válida desde ciertas posturas o ciertos roles, hagamos entonces de la crítica un aliado, y una herramienta poderosa para despertar consciencias, empezando por la propia.

Sólo Judas Temió

Hace un par de días me levanté a medianoche con un gran nudo en la garganta y a pesar de que tenía el ventilador prendido, estaba sudando abundantemente y no podía alejar de mi memoria el recuerdo vívido de mi sueño: me acababa de enterar de la muerte de un gran amigo. Tratando de recuperar la calma convenciéndome que todo había sido “un sueño y nada más” recordé un estudio que había visto hace pocos días y que señalaba según la Encuesta Mitofsky que la muerte, la inseguridad y la enfermedad ocupan los primeros lugares en aquellas cosas que “inspiran miedo” a los mexicanos.

Más allá de mi sueño el cual días después me di cuenta estaba totalmente relacionado a una fecha próxima muy importante para mí, me doy cuenta que últimamente he estado expuesto desde muy diferentes perspectivas a los conceptos de miedo y temor: desde retratos de personajes “fantásticos” como los de la serie “Game of Thrones” cuyos gobernantes ejercen su poder a través del miedo, o bien escenarios del libro “Divergente” que muestra una sociedad en donde la aptitud de una persona es medida en su capacidad de superar su miedos, hasta el enfrentar en primera persona el profundo temor de todo lo que conlleva una situación delicada de salud en mi seno familiar. Ya sea una razón u otra, hoy me doy cuenta que esta emoción es una de las más presentes e intensas no sólo en mi vida sino en la de mis semejantes día con día.

Y tú, ¿Te has puesto pensar a qué le tienes miedo hoy? Cuando era pequeño recuerdo que mis miedos estaban claramente “identificados” y hasta seccionados: tenía miedo a las cucarachas y ratones, a hacer el ridículo en público, a las sombras que se hacían en mi cuarto con las lámparas e incluso a caerme de mi cama -cosa que fue sumamente común hasta mis 6 años-; sin embargo conforme fui creciendo reconozco que mis miedos dejaron de ser cuestiones “permanentes” y se convirtieron más bien en circunstancias por ejemplo: cuando jugaba partidos importantes de fútbol tenía miedo a cometer errores; cuando viajaba y me separaba de mi familia sentía temor de que “algo malo sucediera”, y más de una vez tuve miedo al rechazo de alguna de las chavas que me gustaban. En estos últimos 6 años de mi vida no obstante, recuerdo tan sólo dos o tres momentos de gran miedo y todos estaban relacionados con situaciones de salud en una ocasión de mi suegro, otra de mi hermano y otra de mi esposa. Recuerdo particularmente que a pocos meses de casarme, sentía con mucha constancia, un miedo intenso, irracional, casi esquizofrénico de que en cualquier momento nos podía suceder algún accidente que nos impidiera casarnos.

Desde mi experiencia existen entonces 3 razones básicas por las que tememos o ante las cuales experimentamos miedo: el encuentro con lo desconocido; el riesgo de perder algo preciado y la posibilidad de sufrir daño o dolor. Aunque las tres tienen una relación muy cercana y en ocasiones se presentan simultáneamente, su origen es distinto y sobre este punto es donde me voy a enfocar:

Miedo a lo desconocido: Según nuestra experiencia y todo lo que hemos vivido a lo largo de los años lo “nuevo” o “diferente” está consciente o inconscientemente asociado a sensaciones, sentimientos y resultados positivos o negativos. Si los cambios importantes que una persona ha sufrido a lo largo de su vida han sido para una mejora ya sea física, económica, emocional o intelectual, entonces seguramente esa persona tendrá menos miedo a lo desconocido que una persona cuyos cambios le han significado dolor, tristeza, frustración o complejidades. Hace un par de días mi esposa tuvo que sufrir una pequeña cirugía y sin duda alguna, el grado de temor que experimentamos ambos ante este procedimiento está totalmente vinculado a nuestras experiencias pasadas con cirugías, hospitales, doctores e incluso anécdotas de amigos que han sufrido este mismo padecimiento.

Miedo a perder algo preciado: de una forma u otra todos tenemos alguna posesión material, emocional o espiritual que valoramos ampliamente; si bien es cierto el refrán que dice “Sólo aquel que lo ha perdido todo no teme”, incluso la vida misma es lo último que perdemos y desde esa perspectiva, existen pocas cosas más temibles que el perder aquello que valoramos tanto ya sea nuestra casa, un título, un hermano, la libertad, el amor, un amigo, nuestra dignidad o la final de la Copa del Mundo. El temor a perder algo preciado radica entonces en dos factores, siendo el primero elemento nuestro objeto preciado en sí –a más aprecio mayor temor- y el segundo la conciencia que tengamos de su fragilidad. Si bien existen efímeras ocasiones en la vida -como el momento de mi boda- en donde encontramos estabilidad y visualizamos poco el riesgo en el horizonte, incluso en esos momentos la posibilidad de perder “ese” momentum puede convertirse en razón de angustia y sufrimiento.

Miedo al dolor: por más que parezca trillado, el miedo al sufrimiento es el más común y el más natural de nuestros miedos; aprendido desde pequeño y a prueba y error en base a caídas, fracturas, quemaduras, hambre y todo tipo de experiencias dolorosas como la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación y su consecuente soledad, o bien un fracaso de cualquier tipo, el dolor en todas sus manifestaciones nos afecta y es prácticamente instintivo nuestro deseo de evadirlo ya sea bloqueándolo, huyéndole o simplemente aislándonos al máximo en medida de nuestras posibilidades.

Ahora bien y con todo este contexto es importante entonces aclarar ¿el miedo es malo, dañino, tóxico o inútil? Aunque habrá opiniones divididas al respecto de algunos puntos, creo firmemente que el impacto y consecuencia que tiene el miedo en nuestras vidas depende total y absolutamente del sentido que nosotros queramos darle al mismo. ¿Es mi miedo a perder mi trabajo malo? Sólo si por ese miedo empiezas a dudar de ti mismo y te permites bajar tu rendimiento; ¿Es mi miedo a perder un amor tóxico? Sólo si ese temor nubla tu visión y te paraliza. ¿Es mi miedo a una enfermedad nocivo? Sólo si realmente dejas que tu temor se adueñe de ti y te vuelve inútil, ineficiente, improductivo y finalmente, infeliz.

Uno de mis personajes favoritos de Cómics es Linterna Verde, un personaje cuya “fuerza” radica en un anillo de poder controlado por su voluntad y ante la cual, el “miedo” es su peor enemigo. Si bien no entraré en detalle de todo el mito que encierra este personaje y su construcción, creo que el punto más relevante y mi favorito del mismo es que para llegar a ser más poderoso este personaje vive durante muchos años la creencia de que ser valiente es no tener miedo, es decir la ausencia total del mismo hasta que, después de muchas y trágicas experiencias aprende que el ser valiente no está relacionado con la inexistencia del miedo, sino precisamente con nuestra capacidad de sobrellevarlo y dominarlo; es decir, no existe valentía si no existe en algún momento miedo pues, ¿qué mérito superar algo que nunca implicó el más mínimo reto?

Hace 2 días curiosamente viví un momento complicado ante este punto y fue precisamente después de la cirugía de mi esposa, cuando ante una situación inesperada empezó a sufrir mareos y prácticamente se desmayó en mis brazos; sin hacer tintes de tragedia o extremismo porque tampoco fue una situación descontrolada (finalmente estábamos en el cuarto del hospital y 5 enfermeras llegaron en menos de 30 segundos), definitivamente esos segundos tuve miedo, mucho miedo. Experimenté lo desconocido, en forma de dolor, y con el ser más valioso de mi mundo… sin embargo hoy que reflexiono sobre ese momento me doy cuenta que las acciones que tomé, más allá de ser dominadas por el temor fueron dominadas por el deseo intenso de sobreponerme a esa situación. Ya sea una cuestión intelectual o de adrenalina pura, nuestra reacción ante el miedo es decisión propia, y sólo en medida de que conozcamos de forma profunda los mismos y su origen, es que entenderemos y dominaremos mejor nuestra reacción y comportamiento ante los mismos.

Sin embargo y a manera de cierre creo que hay una lección mucho más importante y un fin último y más grande del miedo en nuestras vidas, y es que creo de corazón que su razón de existir no es realmente para retarnos a nuevos límites, o descubrirnos capaces y valientes, superiores como pudiera pensarse, sino para realmente el miedo existe en nuestras vidas para mostrarnos cuáles son las cosas y personas que más preciamos y valoramos en nuestra existencia. Si tienes miedo a perder algo, o cambiar tu situación habitual por algo desconocido o experimentar sufrimiento, ¡Felicidades! Tienes una oportunidad única de hacer consciencia y valorar TODO lo que tienes –salud, familia, bienes, amigos, espiritualidad, techo, comida, una mascota, un carro, etc…- y da sentido a tu vida. El miedo se vuelve entonces en un termómetro único que nos invita a invertir menos tiempo en el ¿qué pasaría si? O ¿qué hubiera pasado si? Y nos ubica en el presente, permitiéndonos aprender y reflexionar sobre qué reflejan estos escenarios mentales de nuestra vida, persona, sentimientos e intenciones y ¿por qué no? Convertir esa energía en actos de agradecimiento, disfrute y compartir de todo aquello que tenemos hoy, y que mañana ¿qué importa? Pasará.

De cuando te vi por última vez

Existen en esta vida toda clase de despedidas y todos nosotros sin excepción hemos atravesado a lo largo de nuestra historia al menos varias de ellas, desde sencillos “hasta pronto” hasta dolorosos “nunca te olvidaré”. La vida es un constante cambio y recurrentemente nos invita –por las buenas y por las malas- a despedirnos de aquello que creíamos propio ya sea una ciudad o un trabajo, un estilo de vida y amistades, bienes materiales como nuestro carro, casa, etc. pero sin lugar a dudas, las despedidas más complicadas son aquellas en las que decimos adiós de una forma u otra a los seres que marcaron nuestra vida ya sean mascotas, compañeros, amigos, familiares o parejas.

Aun cuando generalmente tengo siempre previsto el tema que abordaré cada columna, en esta ocasión después de varios intentos fallidos y retrasos fue evidente para mí que ningún tema planeado funcionaría, pues algo no estaba bien conmigo. En desarrollo humano existen muchas corrientes que afirman que cuando tenemos sentimientos profundos sin expresar o bien asuntos inconclusos o no resueltos, estos cuestionamientos o sentimientos constantemente nos acechan consumiendo nuestra energía física y mental, desgastándonos y no permitiéndonos avanzar en nuestro desarrollo personal; después de un espacio de reflexión me di cuenta que eso era precisamente lo que sucedía conmigo a raíz de nuestra más reciente despedida.

Si bien las despedidas por definición implican separación o cierre, no necesariamente tienen connotaciones negativas cuando realmente podemos ver en ellas, oportunidades y aprendizajes que se abren a nuestros ojos, por ejemplo: unas de las despedidas más felices en mi vida fue el adiós a mi soltería, a mi vida estudiantil e incluso a mi primer carro, pues si bien había pérdidas en todos los casos era palpable para mí que las nuevas etapas o situaciones implicaban beneficios y mejorías, emocionantes oportunidades y retos. Sin embargo cuando hablamos de separarnos de personas únicas y significativas en nuestras vidas, ¿qué beneficios y oportunidades existen que compensen la tristeza o la amargura de no volverlas a ver? Ya sea una separación temporal o definitiva, geográfica o emocional, si es una pérdida derivada de un fallecimiento o es el fin de una relación afectiva, ¿qué pasa con los sentimientos generados por todas esas memorias y momentos compartidos en conjunto? ¿Cómo podemos aislar el desconsuelo esperando si acaso habrá, una próxima vez?

Es complicado para mí escribir con elocuencia y sobre todo de forma objetiva cuando hay tantos sentimientos involucrados en una despedida, y más cuando son personas esenciales en mi vida a las que digo “hasta pronto”; me imagino no soy el único y quizás dentro de tus recuerdos podrás ubicar la última vez que te despediste de una o muchas personas especiales, y es precisamente en ese recuerdo, en ese mar de dudas, lágrimas y pena, donde encuentro la paz ante esta situación y aprovecho para recopilar aquellas ideas que me dan fuerzas para alzar la cabeza y mirar adelante:

–          No hay peor despedida que la que no se da. Si bien todo tiene que llegar eventualmente a su fin, queramos o no, ciertamente aquellas palabras que más duelen son aquellas que nos guardamos para nunca decir; ¿Cuántas veces hemos callado un “te amo” “te extraño” “gracias” “perdón” por vergüenza, orgullo, o simplemente porque no quisiste decirlo? Es triste pero la vida da muchas vueltas y desafortunadamente no podemos saber si tendremos una nueva oportunidad para decir aquello que todavía no “estábamos listos” para decir. Dentro de la tristeza de una despedida, nada tranquiliza más como la paz de haber expresado lo que sientes y piensas sin dudas, prejuicios o temores, con el corazón abierto y mirando de frente. No olvidemos también que nunca es tarde para una primera vez.

 

–          Mantén la chispa del recuerdo. Las despedidas de los seres queridos son dolorosas pues implican que “por un tiempo” no podremos disfrutar de su compañía ni de la oportunidad de crear nuevas experiencias; sin embargo un buen remedio para reducir la tristeza y acelerar el tiempo es el recordar con alegría y enfocándonos en lo positivo, las experiencias y momentos únicos que pudimos compartir con ellos; dicen que recordar es volver a vivir, y sin duda alguna es posible mantener vivos a todos nuestros seres queridos honrando siempre los momentos y aprendizajes que pudimos compartir a su lado.

 

–          Dale sentido a tu dolor. Reconozco que existe desconocimiento en cuanto a la naturaleza de los sentimientos y emociones pues hay quienes todavía clasifican como “positivos” a la alegría y el amor, y “negativos” a la tristeza, el miedo y el enojo. Sin entrar a profundidad en este dilema me limitaré a precisar que todos, absolutamente todos nuestros sentimientos y emociones cumplen con una función positiva en nuestro desarrollo personal pues nos permiten, además de expresarnos, entender qué es importante o significativo para nosotros y también cómo nos comportamos en torno a ello. Si algo aprendí de la tristeza y amargura con la que me quedé después de nuestra última despedida, es que como dijo George Eliot “Sólo en la agonía de despedirnos somos capaces de comprender la profundidad de nuestro amor”, por lo mismo debemos aprender a valorar el tiempo que tenemos con nuestros seres queridos, no únicamente con aquellos a quienes vemos poco, sino también a los que tenemos diariamente a nuestro lado pues es sólo cuestión de tiempo para que, eventualmente, tengamos que decirles también adiós.

Me queda claro después de ya varias despedidas que al hablar de separaciones es imposible generalizar pues cada persona, experiencia y circunstancias son diferentes y únicas, y sólo quienes están involucrados pueden entender realmente la naturaleza del vínculo que se pierde o transforma; a veces cuando creemos estar más listos y preparados para despedirnos es cuando más frágiles resultamos, y es que cuando realmente amamos está en nuestra naturaleza resistirnos a la separación; sin embargo y en esta aventura llamada vida debemos hacernos valientemente de herramientas y soportes que nos permitan seguir adelante, manteniendo la fe y la esperanza de que la vida nos permitirá al menos una oportunidad más, de desagarrarnos aprendiendo a decirnos adiós.